Jairo Lugo
PhD. de la Universidad de Sussex (Reino Unido), investigador del Stirling Media Research Institute y profesor titular a dedicación exclusiva de la Universidad de Stirling (Reino Unido).
jairo.lugo@stir.ac.uk
Solo se puede comenzar a entender las limitaciones de acceso al conocimiento impuestas por la hegemonía del idioma inglés en los círculos académicos, cuando uno comprueba que los libros Comunicación y Cultura de Masas por Antonio Pasquali y Communications por Raymond Williams fueron publicados en la misma época (1962-63). Mientras las tesis de ambos autores sobre los problemas de comunicación en la sociedad moderna son hasta cierto punto convergentes, el trabajo de Pasquali, desde el punto de vista académico, es mucho más riguroso –y yo diría certero- cuando critica los modelos entonces predominantes de comunicación. Mientras Williams apunta a una dicotomía entre información libre o controlada, Pasquali sugiere por su parte que las realidades específicas cuestionan la universalidad del libre flujo de la información y deja de lado los complejos atávicos; hay que reconocer que las contribuciones de Pasquali estuvieron desde siempre entre 20 y 30 años adelantadas a su tiempo y que desde todo punto de vista presentan una comprensión de los procesos comunicativos mucho más superiores a los de Williams. Sin embargo, nuestro Pasquali en estos casi 50 años, habrá vendido, en el mejor de los casos, más de 10 mil ejemplares de su libro mientras que Williams supera ciertamente el medio millón.
No se trata de hacer análisis superficiales, comparaciones odiosas o de sugerir que si nuestros académicos escribieran en inglés serían más accesibles. Se trata más bien de discutir las limitaciones en la difusión del conocimiento en el área de la comunicación y estudios culturales que deriva de un aparato académico mundial que refleja los mismos problemas, estructuras y disfuncionalidades presentes en el resto del sistema mundial de relaciones entre las naciones. A pesar del título elegido de forma provocadora para este artículo, el problema no es el idioma. Las limitaciones y obstáculos que deben confrontar nuestros académicos para difundir sus trabajos van mucho más allá de la hegemonía del inglés como lengua franca en el ámbito académico.
Como explica Arjun Appadurai (2006), uno de los grandes problemas de la intelectualidad en el tercer mundo es que solo parece sentirse legítima cuando es capaz de compararse con la academia del mundo desarrollado. Olvida, esta intelectualidad, continua Appadurai, sus propios logros y estándares y menosprecia lo que es capaz de dar al mundo.
Suscríbase a Chasqui para acceder al texto completo.








