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Recopilación de casos analizados en el Consultorio ético, por Javier Darío Restrepo de la Fundción Nuevo Periodismo Iberoamericano, acerca de la imparcialidad, el periodismo deportivo, y fines y medios.
La imparcialidad
Mensaje:
Cuando las actividades que ejerce el periodista son compatibles, el único óbice es la distribución del tiempo para cumplir lo pactado en el contrato de trabajo.
El trabajo periodístico en el caso de la consulta puede complementarse con la capacitación para combatir la corrupción. Al fin y al cabo el periodista ejerce una profesión con alto contenido pedagógico, mientras la lucha contra la corrupción tiene lugar principal en su agenda profesional.
Dejan de ser compatibles las actividades que obedecen a intereses que se excluyen, por ejemplo, el ejercicio del periodismo y el de las relaciones públicas o la publicidad. El periodismo supone un! a independencia total respecto de intereses comerciales, mientras publicistas y relacionistas sirven intereses de esa clase; lo mismo habría que decir de las relaciones públicas a candidatos, políticos o gobernantes, claramente opuestos a la independencia con que el periodista debe informar sobre políticos o gobernantes.
Esta radical independencia es una exigencia debida a los lectores que difícilmente podrán creerle a un periodista relacionista o publicista. En cualquier caso su compromiso con la verdad estará en tela de juicio puesto que se impondrá la duda: ¿a quién sirve el periodista que trabaja limitado por los intereses publicitarios o de relaciones públicas?
El lector necesita confiar plenamente en el periodista, sin ningún asomo de sospecha. Si, en cambio, lo ve aplicado a la lucha contra la corrupción, no habrá duda alguna sino la reafirmación de que se trata de alguien que sirve al bien común.
Documentación:
Siempre ha habido periodistas que han desafiado o eludid o las normas sobre independencia.
En 1980 el columnista conservador George Will, partidario extremo de Ronald Reagan que a la sazón era candidato a la presidencia, le ayudó a preparar el debate de candidatos que lo enfrentó al presidente Jimmy Carter. Tras el debate Will intervino como comentarista en la cadena ABC y alabó la intervención de Reagan, al que calificó de “pura sangre” bajo presión.
El asesoramiento secreto no era nuevo. Walter Lippman escribió discursos para varios presidentes. Pero la tardía revelación de este hecho, hasta entonces secreto, ensombreció su reputación.
En el caso de Will la novedad consistió en que declaró que para él el asunto no tenía importancia. Cuando se supo que había asesorado a Reagan, Will se limitó a tachar de quisquillosos a sus críticos. “El periodismo, igual que le sucede a la administración pública con esa terminología del conflicto de intereses, está ahora infestado ! de personas de pequeños termómetros morales que se lanzan a tomar la temperatura de otras personas, difundiendo como harían los confusos moralistas, unos escrúpulos estúpidos y todo tipo de aturdimientos”.
El argumento de Will no era ideológico, sugería otra cosa, algo que otros con independencia de su ideología podrían suscribir: que la moralidad o la ética del periodista es algo subjetivo y no relevante. Ese argumento tenía un único problema, el mismo que revela por qué el concepto de independencia está basado, en última instancia, más en cuestiones prácticas que en disquisiciones teóricas. Will había mantenido en secreto el hecho de que había asesorado a Reagan. No quería que sus lectores supieran que había contribuido a esa misma intervención del presidente que tan elogiosamente había comentado.
El gesto de Will no es nuevo, pero socava la credibilidad del periodista.
Bill Kovach y Tom Rosenstiel: Los element! os del periodismo. Ediciones El País Bogotá, 2003. Pp 139-140
Periodismo deportivo
Mensaje:
Es evidente que, de ser así, se trata de una idea desfigurada y errónea del periodismo deportivo.
El periodismo deportivo, como el periodismo en general, no está al servicio de un equipo, ni de la imagen de una región, tampoco está al servicio de un gobierno, ni de partido político alguno. El periodista se debe al lector y nada más que a su lector, pero no de cualquiera manera.
En efecto, el periodista no está para satisfacer el capricho o la curiosidad del lector, sino para apoyar informativamente sus más altos intereses por el bien común. Teniendo esto en cuenta, el periodista deportivo le aporta al lector elementos con los que él p! ueda juzgar apropiadamente el desempeño de un jugador, el de un equipo, el de los árbitros o el de los empresarios de modo que, dejadas atrás las adhesiones fanáticas y ciegas, pueda ofrecer apoyo y aplauso al buen espectáculo deportivo.
El periodista, por tanto, protege a su lector de los intentos para convertirlo en un hincha manipulable por la propaganda, o por el clima de fanatismo de la afición. Es deber del periodista contribuir a darle al espectáculo deportivo el carácter de fiesta al aire libre, en vez de la actual connotación de choque violento entre facciones de intolerantes.
Como se ve, esto nada tiene que ver con el contexto descrito en la consulta.
Documentación:
El deporte solo resulta dañino por el mal uso que se haga de él. De suyo el deporte es inocente y desinteresado. En la práctica suele convertirse en un negocio lucrativo más, o en una actividad tendenciosa con implicaciones incluso políticas.! El deporte es el lugar común de todas las dictaduras para tener a la gente distraída y desviar su atención de las injusticias sociales. Cuando esto sucede los informadores deportivos corren el riesgo de convertirse en colaboradores activos de esas desviaciones sospechosas del deporte.
El deporte no es un fin en sí mismo, sino una actividad complementaria que contribuye al desarrollo de la persona y de la convivencia social.
El olvido casi generalizado de este principio ha venido a degenerar en lo que se ha llamado la deportización de la sociedad. El hombre queda reducido a una dimensión parcial y sesgada de su vida.
Cuando los informadores deportivos favorecen la exhibición de todas esas miserias humanas, están jugando una mala partida a los propios deportistas y al público en general.
Tenemos que reconocer honestamente que gran parte de la culpa en este grotesco fenómeno la tienen los medios deportivos por el excesivo espacio que dedican a la información deportiva y al modo apasionad! o y demagógico con que suelen hablar de estos temas.
Otra posible corrupción en la información deportiva es el culto de la competencia. El deporte bien entendido, trasunto del instinto lúdico es, en si mismo, movimiento comunicativo con sentido. El culto de la competencia es una reducción de la comunicación al consumo de resultados y de éxitos. Ya no es cuestión de jugar, divertirse, entretenerse o hacer más llevadera la convivencia humana, sino de ganar dinero, fama y posición social. Esto explica en parte que los medios se vuelquen en los ganadores y se olviden de los perdedores. De esta forma contribuyen a degradar el sentido humanístico original del deporte, derivando hacia objetivos prioritariamente comerciales y propagandísticos. La preocupación por los objetivos comerciales termina suplantando a la información deportiva en sí misma.
Niceto Blázquez; Etica y Medios de Comunicación, Biblioteca de autores cristianos, (BAC) 1994. ! Pp 297-298
Sobre fines y medios
Mensaje:
Un fin bueno no legitima los medios para obtenerlo. Es bueno el fin de informar, pero si el medio utilizado es la compra de información, ningún fin bueno legitima ese medio, que es malo y hace daño. Lo mismo sucede en este caso: es bueno que se comunique información y, mejor aún, si esa información contribuye a la libertad de un inocente. Pero no puede ser bueno un medio ambiguo que puede volverse contra otras personas y que, por esa razón, había sido prohibido por el código carcelario o por las leyes.
El compromiso del periodista con el bien común debe ser integral y sin concesiones a quienes atentan contra él. Por eso al fin bueno debe agregars! e el medio bueno para obtenerlo.
El medio malo es una concesión al mal que puede llegar a convertir la acción bienintencionada en una colaboración para el mal.
Además, el medio malo suele ser un atajo o trampa contra la ley que, por ser expresión de la voluntad de la sociedad de obtener el bien para todos, debe ser respetada.
Debe agregarse el aspecto de credibilidad que genera el juego limpio por parte del periodista.
Cualquiera actuación torcida, de mala fe o de apariencia tramposa, descalifica al periodista de quien se espera una plena transparencia en sus actos.
No basta, pues, la habilidad para encontrar la verdad, es indispensable, además, la forma limpia con que se la encuentra.
Documentación:
La libertad de expresión no sufre menoscabo alguno por la detención del periodista Marrero ni por las medidas cautelares que le impuso la autoridad judicial. Por el contrario, los argume! ntos esbozados para justificar la actuación del periodista, dañan lo s esfuerzos dirigidos a ampliar el ámbito de esa libertad en nuestro país.
Para justificarse Marrero alega que la subrepticia introducción del teléfono en el centro penitenciario se hizo con la intención de obtener informaciones de valor periodístico. La fiscalía afirma que el teléfono fue utilizado para amedrentar a testigos.
Aparte de las implicaciones delictivas que pueda tener, el caso plantea un problema central de la ética periodística. Marrero violó el ordenamiento jurídico al facilitar el teléfono al reo y lo justifica alegando su derecho a recabar información. La pregunta es si ese derecho existe sin límites éticos y legales. La respuesta no debería ofrecer dificultad alguna. En todo el mundo los códigos éticos impiden al periodista recabar informaciones mediante la mentira, la impostura, la transgresión del ámbito de intimidad o la violación de leyes legítimas, para citar solo algunas conductas reprochables.
El sindicato de periodistas declaró que “los periodistas normalmente hacen investigaciones y para ellas utilizan todos los medios a su alcance, guste o no a quienes quieren ocultar sus actuaciones, o a quienes por una razón u otra no les gusta la forma en que los comunicadores logran obtener su información”.
Esta tesis implica la sustitución de las normas éticas del periodismo por un solo, viejo y desprestigiado principio: “el fin justifica los medios”. Una somera revisión de los textos especializados y los códigos de ética del mundo entero revela el rechazo universal a la respuesta del sindicato.
Invocar la libertad de expresión, el secreto profesional y el derecho del público a estar informado para justificar acciones como la de Marrero es desnaturalizar esos conceptos y hacerle un flaco favor a la causa de ampliar la libertad de prensa.
Apartes del Editorial de La Nación, (S. José de Costa Rica) 19-06-04.
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