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Si el periodismo en general tropieza con la ética, y con frecuencia seriamente, el periodismo deportivo lo hace y dos veces con la misma piedra. Más triste y reprochable aún cuando esto se da en medios en los cuales el servicio público, sin las distorsiones derivadas del predominio del negocio, es su horizonte fundamental: los medios a cargo del gobierno, como los canales incautados TC y GamaTV. Problemas de ética y de irrespeto al televidente se presentaron en esos canales en la transmisión de la penúltima fecha de las Eliminatorias al Mundial de Sudáfrica 2010, y los pone en evidencia este análisis de Pablo Salgado.
El pasado 5 de septiembre fue un día amargo para el Ecuador y, sobre todo, para los aficionados al fútbol. No solo que Ecuador perdió con Colombia sino que, luego, los televidentes que estábamos enganchados a la cadena TC-Gama, que adquirió los derechos para transmitir los partidos de las Eliminatorias al Mundial de Sudáfrica 2010, fuimos víctimas de un gran engaño. Nos trataron sin el más mínimo respeto, y lo que es peor como si fuéramos imbéciles y no nos íbamos a dar cuenta del engaño. Terminó el encuentro Ecuador-Colombia y vinieron los lamentos y los “sesudos” comentarios del partido; entre los que destacamos el de Carlos Luis Morales, quien, compungido y con cara de sufrimiento, concluyó que se perdió porque “así era el destino” (sic). Inmediatamente, la cadena TC-Gama pasó a transmitir el partido Perú-Uruguay. Los ”periodistas” iniciaron la transmisión como si fuera EN VIVO, como se señalaba con caracteres en la parte superior derecha de la pantalla, cuando en verdad el partido ya estaba por terminar, pues el horario establecido por la Conmebol así lo determinaba. Pero lo grave no es esto. Lo grave vino luego. Cuando el partido que se jugaba en Lima estaba ya en el segundo tiempo y se acercaba a los minutos finales, de pronto se produce “una falla técnica” (del satélite) según “explicaron” los periodistas, pero cuando regresa la señal se habían editado (cortado) cinco minutos del partido y se suprimió el reloj que marca el tiempo de juego, en la parte superior izquierda de la pantalla. ¿Qué sucedió, por qué cortaron esos minutos? Sencillamente porque estaba ya por comenzar el partido Argentina-Brasil que la cadena debía transmitir, en vivo, desde Argentina. Pero hay más. Una vez terminado el partido Perú-Uruguay, se inició la transmisión de Argentina-Brasil, cuando en verdad el partido ya había comenzado hacía varios minutos. La “sabia y ética” decisión de los responsables de la cadena en mención fue también muy sencilla: comenzaron con el inicio del partido (grabado) y luego de tres minutos, otra vez fingieron que se produjo una nueva “falla técnica” y cuando, inmediatamente, “volvió” la señal se conectaron, ahora si en tiempo real, a la transmisión en vivo, pero ya se habían jugado casi 10 minutos del partido. ¿Por qué razón no se dijo la verdad? ¿Era muy difícil decir a los televidentes que el partido Perú-Uruguay se estaba transmitiendo en diferido, más aún cuando los diarios del día habían publicado en sus páginas deportivas los horarios de cada uno de los partidos? ¿Por qué se prefiere mentir y engañar a los televidentes, o acaso este engaño se debe a los compromisos adquiridos con los auspiciantes? ¿En dónde quedan la ética y honestidad o al menos las buenas prácticas corporativas? A estas alturas de la comunicación cuando se pueden seguir los partidos, o cualquier acontecimiento en el mundo, en tiempo real a través del internet, ¿qué necesidad los llevó a pretender engañar a los aficionados? ¿No son estos dos canales incautados, en manos del Estado, los llamados a iniciar los cambios que tanto se predica en los discursos de fin de semana? Y una pregunta final: ¿estas prácticas de engaño (¿estafa?) al televidente merecen una sanción y, por tanto, debe abrirse un expediente? Los aficionados al fútbol tenemos ahora una gran preocupación, ya que esta misma cadena será la que transmita el Mundial 2010: con este tipo de prácticas, ¿qué nos garantiza que durante los encuentros del Mundial no se produzcan aún más graves irrespetos a los televidentes? Son estos bochornosos maltratos, unos de forma y otros de fondo, los que deben evitarse con la promulgación de la nueva Ley de Comunicación. Son estas prácticas las que deben desaparecer y, al fin, debe asumirse la información, como ya se ha dicho tantas veces, como un bien público y no como una mera mercancía sujeta a los negocios que impone el rating. En verdad, no es extraño que en la televisión nacional se produzcan estas prácticas. Incluso en los partidos nacionales que se emiten en diferido, los periodistas prefieren no dar a conocer el resultado para que, supuestamente, no se pierda la expectativa en los televidentes (también sucede lo mismo en la transmisión de la Fórmula 1). Aunque en otros casos, Canal Uno, se llega al burdo procedimiento de congelar la imagen durante los 90 minutos que dura un partido de fútbol, eso sí con el audio original y el marcador y tiempo de juego en caracteres. Y luego se emite el partido en diferido. Un absurdo sin nombre. Lo cierto es que en el tema del fútbol, los televidentes ecuatorianos debemos soportar constantes maltratos. Los canales de televisión no han asumido la tarea de capacitar a los periodistas deportivos que, en general, son de una gran mediocridad. Y tampoco se han preocupado de fomentar nuevos rostros (quizá con excepción de CD7) que puedan asumir con mayor responsabilidad, formación y conocimientos la tarea de informar. El goleador de la Selección, el Tin Delgado fue concluyente cuando, el año pasado, afirmó que en el fútbol ecuatoriano son los jugadores los únicos que se han superado y han crecido, sobre todo por su presencia en el exterior, mientras los dirigentes y los periodistas siguen sumidos en la mediocridad. El Tin tiene toda la razón. Una dirigencia que en el éxito de la Selección oculta una mala gestión. Y los periodistas deportivos, cada vez que juega la Selección Nacional (o su equipo favorito), se vuelven los más fervorosos hinchas y, en muchos casos, fanáticos incontrolables. Olvidándose de su función de periodistas, como acaba de suceder, por ejemplo, en la rueda de prensa que ofreció el jugador de Liga, Neicer Reasco (a propósito de la acusación de intento de asesinato en un incidente en Santo Domingo de los Tsáchilas), cuando el periodista de GamaTV, Gonzalo Rodríguez, en lugar de preguntar y cuestionar, le ofreció todo su respaldo porque lo conoce y sabe que es inocente. El periodista se convirtió en juez y absolvió al jugador. Patético.
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