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Fernando Checa Montúfar
Hace algún tiempo cuestionábamos uno de los tantos procedimientos antiéticos, e incluso ilegales, del diario Extra en relación a la identificación de menores de edad involucrados en hechos violentos. Cuestionábamos la aparente ponderación del diario cuando en su primera plana publicaba la foto de una niña que había sido violada. Supuestamente la protegieron al velar digitalmente la zona de sus ojos, lo cual no impedía completamente su identificación, además de que junto a ella se veía con absoluta claridad a la tía y a una vecina. Solamente faltaba dar el nombre y dirección de la víctima. Este y otros casos reñidos con la ética, e incluso con la ley como el de esta niña, son frecuentes en la prensa sensacionalista, donde buscan impactar de cualquier manera, más que explicar, para vender, para lucrar, más que para informar.
Pero, ¿estos procedimientos se dan solo en la prensa sensacionalista?, ¿el amarillismo no es también un rasgo en la autodenominada prensa seria? La respuesta la tenemos al analizar la información difundida por algunos diarios, el 26 y 27 de agosto, sobre la masacre de 72 inmigrantes (58 hombres y 14 mujeres), en Tamaulipas, México, a manos del cártel de Los Zetas, según lo denunció un testigo sobreviviente, un ecuatoriano.
Una regla básica del periodismo exige que el periodista se ponga en los zapatos del actor de la información, en este caso, del sobreviviente, y sopese las consecuencias de esa información, sobre todo cuando se trata de hechos violentos como este, en donde, como es sabido, las mafias no quieren testigos vivos.
Si el periodista hace este pequeño ejercicio, que aquí no es solo ético sino de solidaridad y seguridad para la víctima, descubrirá fácilmente que de todo se podía informar menos de aquello que identifique al sobreviviente y a sus allegados por el sencillo hecho de que los tentáculos letales de la mafia llegan a cualquier lugar y no respetan a nada ni a nadie.
Con estos antecedentes, nos preguntamos cómo procedieron los diarios nacionales en relación al caso, en las ediciones del 26 y 27 de agosto de 2010, y descubrimos que la mayoría de ellos no tuvo el cuidado suficiente al desplegar esta información y que más pudo el amarillismo irresponsable que la ética y la solidaridad, pues todos los diarios analizados identificaron al testigo, incluyendo a sus allegados y su lugar de origen. Veamos.
Si bien el Expreso fue cuidadoso en la información del 26 (fotos y texto) y en las fotos del 27 (publica una foto oscura de la hermana y otras con los rostros velados de la esposa y de la tía), en el texto identifica a la víctima y su lugar de origen.
La Hora también fue prudente el 26, pero el 27 publica en portada, lo cual es más grave, un primer plano de la esposa y en páginas interiores más fotos de ella, de familiares y de la casa.
El Universo, en su portada del 26 exhibe al mundo la foto con un primer plano clarísimo de la cara del sobreviviente. Y luego, por si no es suficiente para Los Zetas y sus cómplices en esta parte del mundo, da sus nombres completos y los de su esposa, además de informar donde ella vive.
El Hoy proporciona sus nombres completos en la portada del 26. En páginas interiores publica su foto con la cara velada, pero establece con pelos y señales de donde es oriundo (recinto, parroquia, provincia), da su edad e identifica a un tío y a su esposa embarazada. Por si los interesados no tienen la información suficiente, el 27 encuentran más fotos y un mapa con la ubicación de la parroquia donde vive la víctima. Desde luego, hay que aparentar prudencia, en una parte del texto este diario pretende lavar su conciencia al afirmar: “Los padres de Lala aparecieron en la entrevista bajo la condición de no revelar sus nombres por seguridad”. Qué pena que los editores no hayan pensado igual que los humildes campesinos antes de dar información tan detallada.
Al igual que el Hoy, El Comercio se lleva el premio y el agradecimiento del cártel por la información del 26. En portada da los nombres completos, edad y dónde vive la víctima. En las páginas interiores, aunque publica su foto velando la cara, gratifica al sicariato identificando a la esposa con una foto muy clara y señalando el lugar donde vive, incluso la distancia desde el centro parroquial. En la portada del 27 lo completa con un primer plano de parientes y un irónico titular: “La familia del testigo está amenazada”, pese a ello, la identifica.
El Telégrafo, que debería marcar la diferencia, tiene la misma tónica. Aunque el 26 publica una foto velada, da los nombres de la víctima, y el 27 una foto muy clara, nombre y domicilio de la esposa.
¿Y el Extra? El 26 no dio información (para este diario la actualidad no es un valor-noticia muy importante), pero el 27 publicó en portada una foto y el nombre de la víctima, y en dos páginas interiores, por si hay dudas, detalles completos que incluían dos fotos más del sobreviviente y dos de la abuela, solo faltaba el número de la vivienda.
Con un periodismo de este tipo, Los Zetas deben estar muy agradecidos. De todas formas, esperemos que las medidas de seguridad adoptadas por los gobiernos mexicano y ecuatoriano para proteger a la víctima y a su familia sean exitosas. Pero si lamentablemente no es así, habría que preguntarse qué grado de responsabilidad tienen estos medios y otros que procedieron de manera similar, pese a que pregonan su calidad periodística olvidándose de que ella y la dimensión ética son, para acudir a un símil de García Márquez, como “el zumbido y el moscardón”; es decir, inseparables. Recuerden, la ética no solo se predica, también se practica, todos los días y nada justifica lo contrario.
El periodista español Juan Manuel Pablos decía: “así como la luz blanca tiene amarillo, el diario serio también”. En este caso, ojalá que ese amarillismo no tenga consecuencias fatales.
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