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La Agencia de Comunicación de Niñas, Niños y Adolescentes (ACNNA) presenta un informe de cómo los medios abordan los derechos de la infancia y la adolescencia, y su vulnerabilidad.
Un trabajo desde y con enfoque de derechos demanda, antes que todo, el reconocimiento del otro como un actor social; es decir, con un rol en la sociedad, con una lectura de la realidad, con influencia en el desarrollo de la comunidad y con plena capacidad de proponer y participar.
La imagen que se plantea desde la cobertura de medios impresos dista mucho de esta idea. La niñez y la adolescencia no logran pasar el tamiz que mediáticamente se impone a la noticia, y que está construido en función del interés por la población económicamente activa y de influencia pública. En otras palabras, la noticia está en los sectores políticos, decisiones económicas, administración y gestión, sindicatos y pugnas.
La niñez y adolescencia aparecen en el panorama periodístico cuando sus condiciones de vida o actividades dependen o están mediados por instituciones, públicas o privadas, capaces de generar interés en los medios. Esta ausencia de protagonismo deviene en una imagen débil de niñas, niños y adolescentes, en la que figuran como objetos alegóricos que dependen, se conducen y obedecen a decisiones externas. El discurso mediático, entonces, se opone al concepto señalado inicialmente y afirma una imagen como “objetos de protección”, lo que impide dimensionarlos como actores sociales, como sujetos que forman parte activa de las sociedades, y que cuentan con la libertad de gozar la democracia y la participación, así como la satisfacción de todas sus necesidades en el ejercicio pleno de sus derechos, sin discriminación alguna.
La escasa calidad informativa de la prensa respecto a niñez y adolescencia alimenta un manejo discursivo que explota el lenguaje y los simbolismos en forma trasgresora para la dignidad de las niñas, niños y adolescentes que se muestran; y estereotipa, además, a los sectores de menores recursos, desde la pobreza y la indefensión.
La investigación periodística respecto a niñez y adolescencia no se ha desarrollado aún. En la mayoría de notas registradas por ACNNA, la situación de niñas, niños y adolescentes es tratada desde casos aislados: se particularizan problemáticas y propuestas que inciden sobre amplios sectores; tendencia que desconoce la universalidad de los derechos humanos, sobre todo los relativos a la niñez y la adolescencia. Si bien varios espacios de prensa han orientado su labor a la exigencia y restitución de derechos, no han podido evitar, en muchos casos, desviar el tema a disputas administrativas entre frentes políticos.
Al igual que diversos sectores sociales, la niñez y adolescencia padece de un profundo discrimen mediático que no permite su protagonismo en aspectos de la vida social que inciden directamente sobre ellas y ellos. La voz de la niñez y adolescencia no es tomada en cuenta en la construcción de las notas periodísticas, lo que imposibilita su valoración como una fuente informativa cargada de importantes argumentaciones construidas desde la cotidianidad. Su imagen protagónica (17,08% del total de notas registradas), apenas ocupa espacios como la narración de historias de vida, donde se muestra en positivo a niñas, niños y adolescentes que enfrentan situaciones extremas, triunfan sobre ellas y se convierten en ejemplos de vida, en ámbitos deportivos, académicos y de salud. También suelen aparecer cuando se demandan detalles de primera mano sobre las trasgresiones a sus derechos, o en calidad de beneficiarios pasivos de agasajos y eventos. Tratamiento del tema de la explotación sexual El protagonismo no es importante únicamente por el valor de ser incluido como una fuente informativa. El hecho de que niñas, niños y adolescentes no sean reconocidos como actores legítimos en la construcción de la nota periodística, afecta su posicionamiento como sujetos de derechos en el imaginario social, porque provoca su anulación y reduce sus roles a lo puramente evocativo. Entre los años 2007 y 2008, en una media de 32,28% de las notas referentes a la temática de salud, la niñez y adolescencia fueron mostradas con un papel meramente pasivo, de beneficiarias directas o indirectas, alrededor de campañas o programas. Una cifra similar apareció en el tema de educación, con una media de 34,86%; al igual que en trabajo infantil, con 23,62%.
Junto con el rol de beneficiario, las niñas, niños y adolescentes también son presentados como víctimas en un 3,26% del total de notas referentes a niñez y adolescencia, especialmente en temáticas como Abuso y Explotación Sexual y Violencia. Es dichas notas es una práctica frecuente detallar los acontecimientos en torno a la trasgresión de derechos, y buscar testimonios directos y perfiles de personajes (89,80% de las notas sobre Explotación Sexual) para enriquecer la información, pero desde un enfoque de víctima y no desde el derecho vulnerado. No se desarrolla una perspectiva de tratamiento desde el trasgresor ni de búsqueda de la restitución. Las notas que plantean reivindicaciones de derechos apenas representan el 0,57%.
El tratamiento del tema de Explotación Sexual, al igual que los otros vinculados con estos grupos, no va más allá de la anécdota o lo coyuntural, a diferencia de temas como la política. Cuando sucede un acontecimiento político, éste tiende a integrarse en la agenda mediática: se genera investigación continua, se posiciona el tema en los medios y se exponen algunas lecturas de actores involucrados, durante considerables espacios temporales. En política, una declaración genera una amplia movilización periodística. En otras temáticas, sobre todo generadas por actores sociales que no pertenecen a un sector reconocido y validado –inclusive mayoritario–, el interés no supera la cobertura de actividades puntuales que realizan esos sujetos.
En los medios de comunicación, la visibilización –o invisibilización– no solo se provoca desde el espacio otorgado o el lenguaje. El uso de la imagen es fundamental al momento de posicionar y reconocer nuevos rostros y sujetos en el espacio público. Del total de notas registradas en el periodo 2007-2008, 13 327 cuentan con imágenes que, de una u otra forma, se refieren a niñez y adolescencia; sin embargo, el 62,13% de ellas son de anclaje, esto es, fotos accesorias que no denotan mayores significados. Existe, además, un porcentaje considerable de fotografías que más bien descontextualizan o refuerzan estereotipos.
El uso de la fotografía difiere considerablemente al tratarse temas como Abuso y Explotación Sexual, Trabajo Infantil y Salud, en comparación con tópicos como la Educación. Los temas que tratan la trasgresión directa de derechos más bien benefician la lástima: remarcan la imagen de la niñez y adolescencia victimizadas y anulan elementos que permitirían contextualizar y generar lecturas amplias sobre los casos. La herida, el golpe, la mal formación y la mancha de sangre desde primeros planos y planos detalle, son elementos característicos del manejo visual en los medios monitoreados.
En casos de Abuso y Explotación Sexual, la imagen remarca lo maltratante: fotografías solitarias exponen al mismo niño, niña o adolescente violentado, en posturas denigrantes, defensivas o vergonzantes, y muestran ilusoriamente a la cámara (o camarógrafo) como invasora. Pocas veces, este tipo de notas exhibe al agresor o a los involucrados; pero en caso de hacerlo, las dimensiones físicas y simbólicas de las fotografías son menores que las de las víctimas.
Enfocar el trabajo gráfico únicamente en las víctimas, al parecer, es una práctica recurrente. Temas, como Trabajo Infantil, escasamente son graficados en función de contextos. El personaje es extraído de su entorno laboral –lo cual permitiría comprender mejor sus condiciones de vida– y representado de forma limitada, y hasta acusatoria en ocasiones. Así, la fotografía de un niño que limpia zapatos muestra, como elementos, al niño, su caja de betún, la acción y su posición (por lo general, bajo de alguien); pero no muestra a los usuarios. No existiría, aparentemente, una sociedad detrás sino un personaje solo y desprotegido.
El énfasis en este tipo de imágenes y en la redacción detallada de la víctima, pocas veces cumple una función narrativa. Los testimonios no se proyectan desde la dignidad de los sujetos y el auto reconocimiento de sus vivencias con respeto. Este enfoque tampoco genera protagonismo. Por el contrario, revictimiza a las personas, disminuye al responsable y estigmatiza a los agredidos; de ahí la necesidad de reconocer como interés primario a la protección de la niñez y adolescencia, e impulsar un trabajo gráfico basado en valores agregados y respetuoso de la dignidad.
La imagen también juega un papel importante al momento de impulsar el asistencialismo, cuando la fotografía muestra de manera explícita las afecciones de los personajes, cuando presenta cuadros que violentan la dignidad y seguridad de las niñas, niños y adolescentes, y abusa del uso de planos detalles y planos enteros de ellas y ellos. Por cierto, cabe preguntarse cuántas de esas imágenes fueron autorizadas por los implicados, para su publicación.
En ocasiones, la figura de las niñas, niños y adolescentes es reducida a ser parte del paisaje y el contexto. La mayoría de imágenes en torno a Educación, por ejemplo, se centra en la evaluación del sistema educativo y la infraestructura de los establecimientos, en el marco de coyunturas específicas (épocas invernales y matriculación, especialmente). Más valor gráfico adquiere el colapso del edificio o las largas filas de personas, que la niñez y adolescencia y sus vivencias en esos espacios.
Una característica que comparten las imágenes referidas a Educación y Salud, es la forma de presentar las fotografías de campañas, donaciones e inversión social. Los planos generales son frecuentes. Se aglomera al interior del cuadro a los benefactores y a las instituciones involucradas, mientras que la imagen de las niñas, niños y adolescentes presentes es pasiva, receptora de los beneficios entregados.
También es importante analizar la complementariedad de las fotografías con los pies de foto. El 71,31% del total de notas registradas durante el periodo 2007-2008 genera un mensaje impreciso, que poco contribuye a la comprensión de la imagen y su contexto. El 11,95%, en cambio, cumple roles descriptivos. Suele también recurrirse a fotografías de archivo, práctica que expresa la relativa importancia del tema.
La situación de la niñez y adolescencia no solo se trata de forma inmediatista, en detrimento de la contextualización e investigación. Las visiones adultocéntricas del ejercicio periodístico, de las instituciones y de la sociedad en general, han construido un discurso discriminante, que se refleja en la redacción diaria de publicaciones cargadas de recursos narrativos estigmatizantes y estereotipos que debilitan el posicionamiento de la niñez y adolescencia como sujetos sociales de derecho.
El 98,46% de las notas monitoreadas muestra un estilo fundamentalmente descriptivo de los hechos, por medio de coberturas limitadas de eventos, testimonios de la niñez, adolescencia y sus familiares, en especial cuando los derechos han sido vulnerados. El 1,55% de las notas apelan, en cambio, a las emociones del lector, a través de elementos valorativos, irónicos, humorísticos y persuasivos, con el fin de obtener ayuda económica en caso de situaciones complejas de la niñez y adolescencia. Otros elementos son utilizados con intencionalidad política o reproducen clichés sobre las niñas, niños y adolescentes.
Los datos evidencian que la función del material periodístico referido a niñez y adolescencia no se preocupa por dimensionar a actores sociales con sus fortalezas y debilidades, demandas, propuestas y derechos. Es, más bien, un discreto ejercicio informativo que cumple con los requisitos básicos de la redacción periodística: una clara exposición (99,99%), pero un significativo énfasis en la descripción de actividades de organismos públicos y privados. Mientras el 90,42% de las notas se limita a informar, apenas el 2,51% evidencia y confronta incumplimiento de derechos; en menor medida, la nota periodística pretende impulsar una reivindicación (0,23%). Paradójicamente, el número de notas se incrementa hasta el 2,06% cuando se trata de un informativo respecto a promoción institucional. ¿Las instituciones y organizaciones que trabajan por la niñez y adolescencia están por encima de estos mismos actores? Los resultados son evidentes.
El protagonismo de la niñez y adolescencia El interés de los medios por la niñez y adolescencia está directa y proporcionalmente relacionado a otros factores importantes en el ejercicio periodístico, como el espacio físico que dentro de los medios se otorga a temas vinculados con estos actores sociales. En la mayoría de los medios de comunicación, el espacio asignado para la niñez y adolescencia representa el 0,16% de la publicación. Cada cuatro páginas se encuentra una nota que generalmente registra 500 caracteres. Notas con esta extensión corresponden al 50,66% del total registrado, incluidos breves informativos (notas de máximo ocho líneas).
Del total de notas referidas a niñez y adolescencia (32 540), el 5,14% ocupa una página entera. Estas notas, por lo general, corresponden a los temas Educación, Deportes y Recreación, Salud, Violencia y Comportamiento. Las notas de Educación representan el 22,38% de las publicadas sobre niñez y adolescencia. Destacan contenidos alusivos a las Escuelas del Milenio, actividades extracurriculares y la calidad educativa. Mientras tanto, el 12,13% de notas de Deportes y Recreación aparece en páginas completas; la mayoría de ellas se refiere a deportistas que han destacado. Las notas de Salud que ocupan un amplio espacio representan el 11,36% y tienen que ver con la atención médica en coyunturas, como desastres naturales. Notas amplias sobre Violencia representan el 8,96% de notas y tratan acerca de niñas, niños y adolescentes vulnerados en sus derechos, en particular maltratos o asesinatos. Le sigue el tema Comportamiento (8,85%), con notas casi siempre relativas a asesinatos en serie y actividades culturales. Buena parte de las páginas completas son interiores. Apenas el 7,32% de notas estuvo ubicado en primera plana.
Las secciones que registran el mayor número de notas de niñez y adolescencia en página completa son aquellas insertadas eventualmente, sea por coyunturas o coberturas especiales (23,96% del total); le siguen las secciones Nacional (18,80%), Deportes (10,36%) y Sucesos (10,31%). La niñez y adolescencia ocupó apenas el 0,05% de Editoriales; el 0,46% de Opinión; el 0,70% de Nacional Política; o el 1,11% de Nacional Economía.
Si bien estos no pueden juzgarse apresuradamente como mecanismos intencionales de invisibilización, sí son características frecuentes e innegables en los medios impresos ecuatorianos, que reproducen numerosos estereotipos y sesgos sociales. Uno de los sesgos tiene que ver con el sector geográfico. Cerca del 60% de las notas registradas en el monitoreo diario de ACNNA se localizó en las zonas urbanas. Las que aluden a zonas rurales apenas representan el 3,01% del total.
De cada 100 notas registradas en el monitoreo de ACNNA, 25 no tienen referencia geográfica. Esto pone de manifiesto el grado de importancia que merece la niñez y adolescencia a la hora de realizar el trabajo periodístico. El contexto no resulta valorado ni la calidad de información que se pueda desarrollar respecto al tema. La escasa investigación, la premura en la redacción y publicación de la nota, el limitado acceso a la información, o el poco interés por construir las notas adecuadamente pueden ser algunas de las causas.
De hecho, las condiciones en las que se desarrolla la labor periodística no solo limitan el uso de recursos valiosos y enriquecedores para las notas publicadas, sino que empobrecen el discurso del medio alrededor de niñez y adolescencia, y lo reducen a imágenes sesgadas, reproductoras de estigmas socialmente aceptados y colectivizados. Los medios en su rol no han asumido la responsabilidad de vencer estereotipos de amplios sectores de la población, que comparten principios y valores desvirtuados y canalizados por el ejercicio del poder y la valoración económica. Los medios no han cuestionado con profundidad severas violaciones a los derechos humanos, como el abuso y la explotación sexual comercial. De hecho, el ejercicio mediático tampoco ha enfrentado la imagen de la niñez y adolescencia como objetos en espera de beneficencia o víctimas sin dignidad. Ello, en parte, puede explicarse por la persistencia de un imaginario similar en varias de las instituciones vinculadas con niñas, niños y adolescentes. Pero no hay pronunciamiento al respecto.
En cuanto al género periodístico predominante, el 73,92% del total de las notas publicadas alrededor de niñez y adolescencia son noticias. Se trata de un formato estrictamente informativo que, en la mayoría de las notas, no contesta las preguntas básicas: qué, cuándo, dónde, quién, y se limita a narrar o describir hechos, especialmente en temas que vulneran los derechos. Un escaso 5,35% de noticias presenta un incumplimiento de derechos, como una trasgresión que debe restituirse o un derecho que se debe proteger. En un 1,04% del total de noticias, la o el periodista analiza la temática.
Los porcentajes precedentes ratifican la escasa importancia que tiene la niñez y adolescencia en el manejo cotidiano de la información. Los medios no coparticipan, no asumen su responsabilidad en la vigilancia, exigibilidad del ejercicio de los derechos de la niñez y adolescencia.
El 57,60% de las notas no cita fuentes y si lo hace, suele ser una sola fuente y de forma recurrente: representantes del Gobierno central o local que ratifican carencias y ofrecimientos. Muy pocas notas confronta fuentes lo que empobrece el tratamiento de la temática, al excluir otros enfoques y miradas. Esta imagen está directamente relacionada al manejo coyuntural y noticioso de la situación de niñez y adolescencia e influye, además, en el espacio asignado para su análisis. Posiblemente, esto también explique el escaso trabajo investigativo y la limitada exigencia de restitución de derechos. Espacio social de la niñez y adolescencia La Constitución del Ecuador en su artículo 44 dispone que “El Estado, la sociedad y la familia promoverán de forma prioritaria el desarrollo integral de las niñas, niños y adolescentes, y asegurarán el ejercicio pleno de sus derechos; se atenderá al principio de su interés superior y sus derechos prevalecerán sobre los de las demás personas”. Complementariamente, el Código de la Niñez y Adolescencia garantiza la inclusión y disfrute de libertades de la niñez y adolescencia cuando dispone: “Los niños, niñas y adolescentes tienen derecho a expresarse libremente, a buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de todo tipo, oralmente, por escrito o cualquier otro medio que elijan, con las únicas restricciones que impongan la ley, el orden público, la salud o la moral públicas para proteger la seguridad, derechos y libertades fundamentales de los demás”; y señala: “los niños, niñas y adolescentes tienen derecho a ser consultados en todos los asuntos que les afecten. Esta opinión se tendrá en cuenta en la medida de su edad y madurez. Ningún niño, niña o adolescente podrá ser obligado o presionado de cualquier forma para expresar su opinión”.
No solo por constituir el marco legal, sino fundamentalmente porque implica un compromiso ético, humanista y corresponsable, todos los actores sociales deberían sentirse involucrados con la defensa y garantía de los derechos humanos, mucho más con los de la niñez y adolescencia, considerados “prioridad nacional”. La legislación nacional plantea que no solo la familia, como primer núcleo de socialización, es responsable de las garantías y bienestar de la niñez y adolescencia, sino los diversos organismos, cuyas políticas, programas y actividades deben estar orientados a la promoción, protección y disfrute de los derechos de niñas, niños y adolescentes.
El Estado es el principal garante y ejecutor de políticas que concreten los derechos fundamentales de todo ciudadano y ciudadana, así como la cobertura de sus necesidades. Es el principal responsable de fortalecer la inversión social para desarrollar programas o proyectos sociales que beneficien a niñas, niños y adolescentes, no solo desde el acceso a servicios, infraestructura, salud o alimentación, sino desde la garantía y restitución de derechos innegables, como la libre opinión, participación, asociación y consciencia, por ejemplo. Sin embargo, la praxis y disfrute de los derechos no han estado a la altura de los avances legislativos, y se han mantenido a la sombra de la inversión en edificios y equipamiento.
Por su parte, las organizaciones sociales, muchas de ellas privadas, han abanderado los derechos de la niñez y adolescencia respecto a numerosos aspectos, desde la alimentación y la salud, hasta el derecho a la expresión y la participación; estos últimos, quizás de manera más visible que los organismos estatales.
Ambos actores han ganado, en mayor o menor medida, espacios mediáticos importantes respecto a su accionar hacia la niñez y adolescencia, especialmente, los estatales. Las notas publicadas suelen basarse en los contenidos de los boletines de prensa institucionales y se orientan más al posicionamiento corporativo que a la visibilización de las niñas, niños y adolescentes, cuando hablan por ellas y ellos, y se identifican públicamente como las tomadoras de decisión validadas.
Las notas monitoreadas cuentan con escasa confrontación de fuentes. La construcción de la información es poco incluyente; mucho menos, un proceso participativo y colectivo que esboce un panorama amplio.
Acudir a fuentes únicas y repetitivas es un trabajo rutinario entre los medios impresos. En el espacio público figuran unas cuantas voces “capacitadas” que opinan respecto a niñez y adolescencia; curiosamente, la población adulta es, por lo general, la fuente. En Trabajo Infantil, por ejemplo, suelen ser más consultadas las autoridades del Ministerio de Trabajo o los concejos cantonales; representantes del Ministerio de Inclusión Económica y Social, alcaldes y vicealcaldes, maestros de escuelas y, en el mejor de los casos, moradores adultos del sector.
En los medios de comunicación impresa, se cita a una fuente de la sociedad civil por cada 25 pertenecientes a organizaciones e instituciones gubernamentales y no gubernamentales. La población tiene poca cabida, como fuente, en temas de importancia. No cuenta con un espacio mediático que la valide como vocera real y solvente. Mujeres y hombres comunes son consultados cuando su comunidad se ha visto afectada particularmente, y siempre y cuando la población sea accesible a la cobertura periodística. Por cierto, quienes ofrecen sus testimonios son casi siempre personas adultas.
Si, por un lado, no consultar a la población general es una práctica habitual, no considerar a niñas, niños y adolescentes como fuentes es aún más recurrente. La justificación suele ser economizar recursos, tiempo y esfuerzos. La niñez y adolescencia, en este sentido, son objeto de una doble discriminación.
Habría que preguntarse si esta evidente ausencia de la niñez y adolescencia en los medios, en calidad de fuentes en los temas que directamente les conciernen, también tiene relación con el tipo de intervención y prioridades comunicativas de las organizaciones. Sobre la base del análisis realizado por ACNNA, es posible advertir una mayor importancia asignada a la información institucional, promoción de proyectos, rendición de cuentas sobre la gestión administrativa, inversiones y resultados cuantitativos, en las notas publicadas.
La promoción institucional ha caído en un ejercicio publicitario contraproducente que beneficia el posicionamiento de los nombres de las organizaciones antes que sus objetivos y acciones. De hecho, la promoción institucional resulta empobrecedora al momento de proyectarse mediáticamente, particularmente cuando se promueve una imagen de indefensión de la niñez y adolescencia.
El compromiso tanto mediático como institucional con la niñez y adolescencia es aún bastante limitado. Al parecer, buena parte de las organizaciones que trabajan o están relacionadas con los temas de niñez y adolescencia no han definido políticas de comunicación institucionales que trasciendan los fines corporativos e incorporen el enfoque de derechos en sus lenguajes, mensajes y relaciones con los medios. Asimismo, es todavía muy incipiente la posibilidad –y el interés– de generar y fortalecer redes de vigilancia y exigibilidad, alrededor del manejo mediático de estos temas.
ACNNA, por medio del Circuito de Reacción e Información Social que impulsa, ha buscado promover una red de organizaciones que actúen por la restitución de derechos de las niñas, niños y adolescentes mostrados en los medios de comunicación. En los dos últimos años, la Agencia envió 362 reportes de notas alertas a su base de datos conformada por 32 organizaciones nacionales, una cifra igual de organizaciones locales y 13 organizaciones juveniles. Ningún reporte recibió mayor atención, seguimiento o acción por parte de los organismos. Este dato es mucho más sorprendente si se considera que en el mismo periodo se registraron 1044 notas cuyo eje periodístico refiere a la promoción institucional.
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