|
La función de un medio gubernamental es informativa-promocional, es cierto (¿acaso los medios privados también no hacen lo mismo, pero a favor de la oposición, sin que siquiera les competa cumplir con esa función?). Y, como consecuencia, eso apunta a defender la imagen del Gobierno. Pero esto no debe hacerlo con medios arteros, como el de confundir hechos con opiniones, pues es un recurso anti ético que no le está permitido a ningún medio, más allá de si es público, privado o gubernamental. Un análisis de José Villamarín sobre siete títulos editorializantes de elciudadano.gob.ec.
Por José Villamarín Carrascal
Esta es la recomendación que, una vez más, cabe formularle al periódico oficial elciudadano.gob.ec, el cual, el miércoles 11 de enero, mantuvo en su portal nada menos que siete noticias con títulos editorializantes.
"Payasadas" de Montúfar no merecen eco oficial es uno de esos titulares, donde es evidente la carga peyorativa de “payasadas”, (aunque vaya entre comillas), que denuncia una intencionalidad no precisamente informativa por parte del medio.
Las relaciones de Ecuador con Irán y el mundo son soberanas, dice otro titular, cuyo juicio de valor (las relaciones son soberanas) le corresponde al Embajador Pablo Villagómez. Si está de acuerdo con ellas (lo cual sería legítimo), escriba un editorial y no las camufle en una información o entrecomille y señale la fuente.
Una cosa similar sucede con este otro titular: Este año Suramérica le dio una lección al mundo (AUDIO). Está claro que el medio está asumiendo una posición, solo que esta, en realidad, es de María Emma Mejía, Secretaria de UNASUR, pero no lo dice en el título, por lo que pasa como opinión del medio, lo cual no le está permitido.
Lo mismo aplica a este titular: La sensibilidad social de Santos y Correa genera la armonía entre Colombia y Ecuador (AUDIO). Es una declaración de Fernando Arboleda, embajador de Colombia en Ecuador, que el medio oficial no lo dice directamente en el titular, por lo que prefiere obviar la cita de la fuente.
En el caso del siguiente titular, “Impuestos verdes” contribuyen a la protección ambiental, en cambio, resulta que esas no son declaraciones de nadie, sino afirmaciones del medio. Y esto tampoco le está permitido, pues se supone que está echando mano de un género de información y no de opinión.
El siguiente título: Veto a reformas de Ley Electoral combatirán el poder político, ilegitimo e inmoral de ciertos medios (Presentación) es todavía más evidentemente opinativo, con fuertes adjetivaciones que están expresamente prohibidas en una noticia. De hecho, en este título, el medio está sosteniendo que el veto presidencial combatirá “el poder inmoral de ciertos medios”. Esta, en realidad, es una afirmación casi textual del Presidente Correa, que se encuentra nada menos que en el último párrafo, pero que el diario oficial lo reproduce en el título sin citar la fuente. ¿El Ciudadano, como medio de comunicación, está en capacidad de sostener una afirmación de esta magnitud? Es una posición ciertamente delicada.
He dejado para el final la referencia a la nota titulada Medios de Comunicación no podrán ser actores políticos en próximas elecciones. El caso es que aquí, a diferencia de las notas anteriores, la opinión no se da solamente en el título, sino también en el contenido.
El tercer párrafo, por ejemplo, no puede ser más opinativo. Dice: “Al contrario de lo que ciertos medios de comunicación han informado y a las críticas de políticos de la oposición, esta reforma no limita la libertad de expresión (…)”. Y finaliza: “(la reforma)…no coarta el trabajo periodístico para que estos (los medios) realicen entrevistas como se ha querido mal informar a la ciudadanía”.
¿Dónde radica el problema de este tipo de titulaciones y textos? Lo hemos dicho ya en otros análisis. Aquí hay dos asuntos. Primero, que si en el título hay un juicio de valor y si no se cita la fuente, esa opinión pasa a nivel de hecho, es decir, de realidad incuestionable. Segundo, que el título es lo primero, y a veces lo único, que lee el común de la gente, por lo que, en este caso, la persuasión puede ser más efectiva. No importa si la fuente autora de las declaraciones se cita en el primer párrafo (como suele suceder en la mayoría de los casos), pues de eso posiblemente el lector ni se entere.
En el caso de El Ciudadano, las afirmaciones que aparecen en los titulares sin autoría, tienen el objetivo claro de beneficiar la imagen del Gobierno. ¿Esto le está permitido a un medio oficial?
La función de un medio gubernamental es informativa-promocional, es cierto (¿acaso los medios privados también no hacen lo mismo, pero a favor de la oposición, sin que siquiera les competa cumplir con esa función?). Y, como consecuencia, eso apunta a defender la imagen del Gobierno. Pero esto no debe hacerlo con medios arteros, como el de confundir hechos con opiniones, pues es un recurso anti ético que no le está permitido a ningún medio, más allá de si es público, privado o gubernamental.
La opinión es un derecho que asiste a todos los medios. Solo que si quiere opinar, tiene que escribir artículos de opinión. Y publicarlos en la sección pertinente. De ahí la vieja recomendación que se da en cualquier sala de redacción: si quiere opinar, vaya a las páginas de opinión.
En el caso de este medio virtual, una posibilidad, por ejemplo, sería ampliar el espacio que lleva el nombre de El Ciudadano opina (que tiene un solo artículo de opinión que, se supone, es el editorial del medio). Eso sería ético: mantener una sección, en este caso de opinión, cuyo solo nombre implica decirle implícitamente al lector: aquí voy a dar un punto de vista como medio de comunicación, a lo cual tengo derecho. Si me cree, créame, si no, no importa; yo solo cumplo con mi deber de dejar explícito que lo que aquí se va a decir es el criterio de una persona, por lo tanto, es su verdad y no la verdad total.
Como bien lo sostiene el profesor colombiano Javier Darío Restrepo, “De pronto es imposible la objetividad, pero si es indispensable la honestidad”.
Trackback(0)
 |