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Los signos de puntuación no sólo sirven para hacer emoticons cuando se chatea, también sirven para organizar textos.
Como dice la conocida frase: los signos de puntuación nos sirven como señales de tránsito para saber dónde disminuir la velocidad (las comas), dónde frenar (los puntos), cuándo subir el tono (las admiraciones), cuándo interpelar al público (las interrogaciones).
Veamos la siguiente noticia en la cual al colega periodista se le fueron los frenos, pues se peleó con el punto seguido. Se trata de la nota titulada Texto de ‘Ley mordaza’, con ambigüedades. Su segundo párrafo está compuesto por una sola frase de nada menos que 108 palabras. Sí. Lo leyó bien: 108 palabras, o sea, algo más de un metro de extensión.

Pobre lector: ¡exigirle que aguante la respiración y entienda el sentido de más de un metro de palabras!
Pero, tranquilo estimado colega, que Marcel Proust, un monstruo de la literatura, escribió la novela En busca del tiempo perdido, obra de siete tomos y de alrededor de tres mil páginas, donde se especializa en frases largas. Un acucioso cibernauta asegura que en el tomo 5 se encuentra la frase considerada más extensa: tiene una longitud de casi cuatro metros y 412 palabras. Así que, tranquilo colega, que Proust le lleva a su frase una ventaja de casi tres metros de largo.
Claro que la pequeña gran diferencia es que Proust hace literatura y usted, en cambio, periodismo. Y en nuestra profesión, los lingüistas coinciden en que una frase que pasa de 20 palabras empieza a ser poco entendible. Y recalco en aquello de que empieza a ser poco entendible. Es decir, siempre habrá posibilidad de escribir frases más largas, con la condición de que sean claras. Pero de ahí a tomarse la licencia de escribir una frase cinco veces más extensa de lo recomendado, creo que ya es un poquito exagerado.
¿Y los filtros que hay en prensa escrita? ¿Qué pasó con el editor, el corrector de estilo, el jefe de información? Aquí la responsabilidad no es solo del redactor. Lo es, y sobre todo, del editor.
Sin mayor esfuerzo, esta frase puede ser dividida en cuatro. Esto, no solo que ayudaría al lector a su comprensión, sino que incluso le permitirá al periodista dar énfasis a ciertas partes de las declaraciones de la fuente.
Así que a aprender bien las señales de tránsito y, en este caso, a reconciliarse con el punto seguido (hay uno solo en los ocho párrafos de la nota). No vaya a ser que nos choquemos con la desidia del lector que nos deje botados en la carretera y opte por otro texto mejor escrito.
Como decía el hermano del escritor francés: “lo triste es que las personas tengan que estar muy enfermas o tengan que haberse roto una pierna para disfrutar de la ocasión de leer En busca del tiempo perdido”.
Usted, estimado colega, tampoco espere que el lector se rompa una pierna para que lea sus textos con frases sin punto seguido y de más de cien palabras de extensión.
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