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Toda historia tiene un narrador. La preceptiva literaria habla de varios tipos: uno de ellos es el narrador omnisciente, aquel que lo sabe todo, cómo piensan los personajes, lo que sienten; pero siempre pasa tan desapercibido como el mismo Dios. Está en tercera persona y favorece el objetivismo. En este sentido, es muy propio del periodismo (que es una modalidad de la literatura, por si acaso).
¿Por qué haber entrado a estas disquisiciones literarias que a más de uno pueden asustar? Por que no le veo otra manera de entender la función que asume el narrador de esta nota deportiva publicada en El Universo, titulada “Valencia sería otra vez titular” (30/07/09).
“Tras la espectacular actuación de ayer del volante ecuatoriano Luis Antonio Valencia, el DT del Manchester United, Alex Ferguson, se decidirá ponerlo de titular contra el Bayern de Munich…”, dice el párrafo de inicio.
Primero: una contradicción flagrante entre el titular y el contenido, pues en el título utiliza el condicional “sería”” y en el lead en cambio no se habla de la posibilidad, sino que se da por hecho que el entrenador se “decidirá” por el jugador ecuatoriano. Quien tiene que decidirse es el periodista: ¿sería o será?
Segundo: ¿cómo sabe que el entrenador Ferguson se decidirá por Valencia, si no cita fuente alguna en la cual sustente su afirmación? Para qué, si es un narrador omnisciente, el que todo lo sabe, el que todo lo conoce, hasta los más íntimos pensamientos de uno de los protagonistas (Alex Ferguson). Es el mismo Dios.
Por eso es que, por su cuenta y riesgo, incluye sin más al joven mediocampista ecuatoriano en la alineación que presentará el equipo del Manchester, como si esa fuera la decisión de Ferguson. Si así lo fuera, el manual le exige citar la fuente. Al igual que le exige ser preciso y muy parco en el uso de adjetivos calificativos. Cómo no quisiera que esa contundente afirmación de “espectacular actuación” de Valencia, con que inicia la nota, lo dijera el entrenador del equipo inglés o algún comentarista internacional de renombre y no el periodista/hincha. Periodismo patriotero, ¡cuántas barbaridades se cometen en tu nombre!
PD. La bolita mágica le falló al periodista: Valencia no salió al campo de juego entre los titulares, entró luego, en el segundo tiempo.
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