Cuando leí esta nota del periódico electrónico Ecuador en vivo, titulada “Correa debería explicar en qué consiste la radicalización del socialismo, dice Flores”, lo primero que me pasó por la cabeza es “qué bravo este señor Flores. ¿Quién será como para que le conmine al presidente Correa a que explique en qué consiste la radicalización del socialismo?”.
Pero al leer la nota (que es una interpretación de una entrevista realizada en Telerama), me entero de inmediato que el señor Flores es un analista político y que no pedía ninguna explicación al Presidente, sino que simplemente decía que “…las declaraciones de Correa de que radicalizará el socialismo no es novedoso (…), lo que nos interesa a los ecuatorianos es saber en qué consiste esa radicalización”.
Pero el periodista de Ecuador en vivo, al utilizar el imperativo “debería explicar”, está diciendo claramente que Flores está conminando a Correa a que dé dicha explicación, cuando el analista no tiene la más mínima intención de aquello.
“¿La escritura puede hacer que algo cambie? Sí, lo creo profundamente”, dice el maestro Kapuscinski, uno de los mejores periodistas del siglo XX. Y de inmediato advierte que ese cambio puede ser para bien o para mal. Por este enorme poder que tiene la palabra, al que hace alusión el maestro polaco, el periodista tiene la obligación de ser muy cuidadoso en lo que escribe y lo más exacto posible en las interpretaciones de lo que le dice la fuente.
Así que, señores de Ecuador en vivo, exactitud, mucha exactitud. Los titulares “vendedores”, muy en boga en el periodismo, no son buenos consejeros. Ser fiel a las declaraciones no es difícil, y da más réditos profesionales que las interpretaciones antojadizas.