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“Vallejo devolvió documentos”, afirma tajantemente el titular de El Telégrafo (20/08/09), con lo cual da por zanjada una delicada situación respecto a la devolución del acta de la primera abolición de la esclavitud de 1852, que el ex diputado y actual presidente del Directorio del Banco Central había sacado en calidad de préstamo del Archivo Histórico del Congreso Nacional. Pero el contenido de la noticia no dice lo mismo. Aclara que esto es lo que asegura el ex diputado Vallejo. Entonces ¿por qué mentir en el título? Sí, porque afirmar en el título que Vallejo devolvió los documentos puede ser una mentira o, para ser más exactos, es solo una versión de una de las partes, lo cual no quiere decir que sea necesariamente cierto. Y no es que esté dudando de la versión de Vallejo. Eso no está en discusión en este análisis. Lo que está en discusión es la posición del periodista de dar por real algo que es solamente una versión de la realidad. Que son dos cosas muy distintas. ¿O es que acaso a usted le consta, señor periodista, que Vallejo entregó los documentos históricos en ciernes? Si no es así -como en efecto no lo es- el manual básico de periodismo dice que debe citar la fuente. Eso y nada más.
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