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De pronto cayó en mis manos un ejemplar del diario La Hora del 11 de septiembre pasado y me sentí en otro país. El titular de la portada, en letras amarillas desplegadas a lo ancho de la página y sobre una foto a todo color, donde aparecen a punto de un enfrentamiento policías y manifestantes, decía: “Estudiantes paralizaron a Quito”. ¡Pero si yo fui a dar clases en la universidad y me movilicé sin otro inconveniente que el consabido delirante tráfico de siempre. No me crucé con un solo manifestante, no vi ni un piquete de policías y menos una ciudad paralizada como lo anuncia a voz en cuello La Hora! De pronto estoy fuera de lugar, me dije, y acudo pronto a la segunda página donde se amplía la información. Ahí se da a conocer que 100 estudiantes (no aproximadamente, sino 100 estudiantes, ni uno más, ni uno menos) del colegio Mejía se tomaron las instalaciones del plantel como forma de protesta “específicamente contra el vicerrector”. Allí se informa que a las 08h30 llegó la policía para tratar de dispersar a los estudiantes que salieron a las calles aledañas y permitir que fluya el tráfico por el sector, pero que para las 09h00 los enfrentamientos entre “policías y chicos” se intensificaron. Un grupo de estudiantes había llegado hasta la esquina de las calles Arenas y 10 de Agosto donde se vio afectado el tráfico vehicular, pero que “los transeúntes caminaban tranquilamente”. Y a las 10h08, dice la crónica, “se alzaba la toma” (sic). Y eso fue todo lo que sucedió, según el mismo diario. ¡Pero se anunció en primera página que Quito estaba paralizado! Mi no entender, definitivamente: o soy gringo, o soy marciano o el diario, simple y llanamente, nos está engañando impunemente, con ese titular mentiroso (pero vendedor). Y, lo peor de todo, es que nosotros nos dejamos pues, seguramente, lo leímos sin mayor reflexión. Que yo sepa, Quito no es solo las inmediaciones del colegio Mejía y la esquina de la Arenas y 10 de Agosto... Algo similar ocurre con la nota del 18 de septiembre que titula “Control a Comunicación genera rechazo nacional”. 
Lo que en esa noticia nos dice es que, en este momento, existe un control a la comunicación en el país (Comunicación con mayúsculas, vaya usted a saber por qué) que genera un rechazo en toda la nación. Si se lee toda la nota, en realidad lo que hay es reacciones de los sectores de oposición al proyecto de ley de Comunicación entregado por el asambleísta oficialista Rolando Panchana. Hablan Fausto Cobo (PSP), Cynthia Viteri (PSC), Lourdes Tibán (Pachacutic), Francisco Ulloa (MPD). Finalmente, habla el chileno Luis Pardo, presidente de la AIR, quien hace críticas prudentes a la propuesta de nueva Ley de Comunicación. Tibán es la que pone la nota de equilibrio, pues expresa su oposición a ciertos contenidos del proyecto y su apoyo a otras partes de él (de lo contrario, el medio habría caído en el pecado adicional de la falta de contrastación). Pero de allí a hablar de que hay un rechazo en todo el país a un control a la comunicación es absurdo, pues se está hablando de dos cosas distintas. Lo que en rigor debió decirse es que hay rechazo de sectores de la oposición al proyecto de Ley. Pero lo que sucede es que esto lo dijeron los demás medios. Y llover sobre mojado no vende. Así que había que darle un giro marketero, aunque eso implique mentir. Así, lo que hizo La Hora fue confundir lo que sucede con lo que los directivos del medio quisieran que suceda. (Para leer la nota completa haga clic aquí.) Nadie niega que un medio es una empresa que tiene que obtener réditos económicos para seguir subsistiendo y mejorando. Pero de ahí a utilizar la mentira o las interpretaciones erróneas como estrategia para vender hay un gran abismo. Luis Egyto, del Observatorio de Medios de Brasil, es muy claro al respecto: “el hecho de que la actividad periodística se encuentre asociada a un negocio no la desacredita ni la descalifica; pero en cambio la obliga a la observación atenta de algunas premisas esenciales”, sostiene. Por eso, bien valdría la pena que los responsables de este medio recuerden el cuento del pastor y las ovejas; de aquel pastor que, solo por divertirse, engañaba a sus hermanos diciendo que había llegaba el lobo y que se estaba comiendo las ovejas. Cuando iban los hermanos a ver, no había tal. Para cuando llegó en verdad el lobo y el pastor fue a informarles del grave peligro, ya nadie le creyó. Y se acabó el rebaño. La credibilidad es el activo fijo más grande que tiene la empresa periodística. No se la rifen con mentiras y engaños que cuando digan alguna gran verdad, ya nadie les va a creer.
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