|
¿Ya se acordaron de ese antiguo juego infantil que consistía en seleccionar al azar a una persona para que haga un determinado papel? Pues creo que vamos a tener que resucitarlo para utilizarlo con los medios y ver cuál mismo tiene la razón en las cifras que nos están dando, pues cada quien se maneja a su manera.
En Cuenca ocurrió, a mediados de junio pasado, un lamentable hecho de sangre, en el que está implicada una joven acusada de matar a su padre. La edad de la joven, para diario El Telégrafo, es de 21 años, según lo señala en el sumario, aunque luego, en el segundo párrafo, dice que tiene 20.

Para El Universo, la edad es de 19 años.

Y para El Comercio es de 22.

¿Cuál mismo es la edad correcta de la joven: 19, 20, 21 o 22 años? ¿Qué tres o cuatro años no inciden en el hecho esencial? Posiblemente. Pero el tema no está allí, sino en la exactitud que deben tener los periodistas en el manejo de cifras y en el respeto que se merece el lector.
Igual sucede con la edad del padre asesinado que para El Telégrafo y el Comercio es de 46 años, mientras que para El Universo es de 45.
Si en este tema manejan alegremente las cifras, ¿quién nos garantiza que no lo van a hacer igualmente en otros temas? ¿O es que acaso esto es “solo” crónica roja?
A este paso, nos va a tocar jugar “De Tin Marín…” con los medios, para ver con cuál mismo nos quedamos en cuanto a credibilidad.
Pero el manejo poco profesional no termina allí. El Mercurio, de Cuenca (ciudad donde se desarrolló este crimen), en el título, acusa, sin pruebas, a la joven del asesinato de su padre, pues dice: “Hija asesina a su padre con un cuchillo”. Es decir, está afirmando que ella es la asesina. Y, en el primer párrafo se contradice, pues señala que ella solo es una “posible asesina”, según la policía. El periodista -o el medio- se convirtió en juez y tribunal, capaz de juzgar a una persona.

Con una sola excepción, todos los demás medios analizados -que son los que tienen sus notas en su versión on line- se ensañan con la exposición pública de la acusada. ¿Su propósito es la vindicta pública, es decir, exponer a la opinión pública a la joven, con sus nombres y apellidos, para que sea señalada con el dedo y acusada antes de ser juzgada? El Universo, por ejemplo, pone los dos nombres y los dos apellidos, como para que no quede la menor duda de quién se está hablando.
El único medio que optó por un manejo prudente en este sentido fue El Comercio, quien señala solo el nombre y la inicial del apellido de la acusada, del asesinado y de los testigos que hablan en la nota. Esto es guardar prudencia y respeto por el otro. Ahí hay un ejemplo de cómo se puede informar sin violar los derechos de los individuos.
Trackback(0)
 |