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Por Raúl Salvador R.

La foto que ilustra la portada de un número de julio pasado de la revista norteamericana Time es de una joven afgana de 18 años, Aisha, a quien los talibanes le cortaron las orejas y la nariz por el delito de huir de sus parientes políticos que la maltrataban.
El texto que ilustra esta foto tiene como título, también en la portada, “Qué sucederá si salimos de Afganistán”, lo cual se presta para muchas interpretaciones y conjeturas, pero sobre todo, deja planteadas muchas preguntas que tienen múltiples respuestas, según “el cristal con que se miren” –se escuchen, sería en este caso-.
¿Qué fines persigue Time con esta foto? ¿Revelar al mundo las costumbres bárbaras de un pueblo al que los Estados Unidos quiere “redimir” y llevarle a la “civilización occidental”? ¿Por qué aparece esta foto y este título a los pocos días que el presidente Barak Obana anunciara la salida de sus tropas de Afganistán? ¿Será que se quiere decir que si las tropas se van, agresiones como las que soportó Aisha continuarán en ese país sin que nadie pueda impedirlas? –Hay que quedarse más tiempo-. ¿O es que acaso mientras las tropas norteamericanas ocuparon y ocupan ese país han impedido tales actos criminales?
Esas costumbres atroces se practican en Afganistán desde muchísimos años antes que los norteamericanos lleguen con sus tanques y aviones, y, cuando salgan, continuarán realizándose. Entonces, ¿qué sentido tiene esta portada?
Con esta portada, Time grita a los cuatro vientos el culto a la violencia, atropella los más elementales principios y derechos de las personas. Es el ejemplo más didáctico de la violencia que predican ciertos medios de información en todo el mundo.
La mirada firme y serena de Aisha no hace menos grave el delito de Time ni ayuda a comprender esas feroces costumbres, en las que una mujer debe ser objeto de tanta violencia por grave que sea su delito. En ese país, ser mujer ya es ser sospechosa de cualquier delito que esa sociedad machista lo califique como tal, como huir de la casa de su esposo, aunque sea para evitar maltratos. Tal fue el caso de esta joven.
Con esta portada, ¿Time apoya y justifica la guerra en Afganistán o la rechaza, o, tal vez pide una intervención más agresiva para impedir y terminar con costumbres como ésta? ¿Los nueve años de intervención no fueron suficientes? ¿Aún queda mucho por hacer?
Estas y otras inquietudes Time las pudo desarrollar sin acudir a imágenes de portada como la que ilustra este número y que ha dado la vuelta al mundo, precisamente, por mostrar de una manera cruda una realidad por todos conocida y rechazada, pero poco combatida.
La cruenta foto de la joven mutilada no va a cambiar el rumbo de la historia ni hará que Barak Obama revise su política –intervencionista o no- en Afganistán. Entonces, ¿era necesario para Time acudir a este recurso que deja muy mal parada su ética periodística?
Aparecer en la portada de una revista, para muchas personas, es motivo de orgullo, más aún si ésta se vende en 190 países y tiene un tiraje de seis millones de ejemplares, sin contar la edición asiática y la especial para niños y jóvenes, como es el caso de Time. Pero para Aisha, ese orgullo y privilegio no le devolverán su nariz ni sus orejas, pero sí harán que suban las ventas de la revista, como tampoco ayudarán a terminar con esa costumbre atroz ni a justificar la presencia de las tropas estadounidenses en su país.
La importancia e influencia de esta revista son razones más que suficientes para haber pensado una y otra vez antes de tomar una decisión como la que llevó a los editores a colocar esa fotografía en la portada, que fue mirada por más se seis millones de personas en 190 países. ¿O tal vez fue por eso mismo?
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