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Sí. Lo demuestra un medio de comunicación que cumple, de manera evidente y en una sola nota, con las recomendaciones para hacer un periodismo basado en el respecto al derecho de las personas.
El diario El Comercio, del 23 de febrero pasado, publicó un testimonio (hermoso género que debería ser más usado en nuestros medios) del padre de una víctima de abuso sexual, titulado La pareja de mi hermana intento abusar de mi hija. ¿Cuáles fueron los aciertos en el manejo de un tema tan sensible como este? Primero, se colocó solo su nombre y la sigla del apellido y no los nombres y apellidos completos. Segundo, no se puso ninguna referencia ni siquiera al lugar de residencia del denunciante, menos aún la dirección de su casa o algo parecido. Tercero, se pixeló o desconfiguró la cara del padre de la víctima para evitar su identificación. Aunque en este caso pudo haberse ocultado aún más el rostro y no dejar el más mínimo resquicio que pueda posibilitar su reconocimiento. Pero, sea como fuere, es un gran avance en este sentido.
¿Todo esto para qué? Para cumplir con un derecho básico de protección de la identidad de la víctima y su entorno. Y que no suceda lo que sucedió la tan criticada cobertura informativa de la llegada al país de Freddy Lala, único sobreviviente ecuatoriano de la masacre de Tamaulipas, México (Ver La foto del sobreviviente y Amarillismo irresponsable en la “prensa seria”), cuando se publicó su fotografía, la de algunos de sus parientes y hasta un diagrama de ubicación del pueblo de donde él es oriundo. ¡Sí es posible hacer un buen periodismo! (JVC).
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