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Los títulos deben ser como el anuncio de neón: deben informar algo y verse desde lejos. Este es un consejo que lo utilizan bien muchos medios de comunicación. Pero como en periodismo “la única regla fija es que no hay reglas fijas”, los títulos también aceptan otras propuestas. Una de ellas es que, dependiendo del tipo de noticia y la intencionalidad del periodista, bien puede ser interpretativo.
Veamos este caso: “El 30-S: cacería de culpables”, dice diario La Hora del 29 de junio pasado, en un titular a dos columnas y en tres líneas, y nada menos que en portada. Este bien puede ser tanto un título informativo como interpretativo, dependiendo de cómo esté manejada la nota. Y será un título adecuado si responde a los contenidos de la noticia, es decir, si ahí, por ejemplo, alguien afirma que hay persecución a los implicados.
Y hay algo más. El sumario, como para darle sostén al título, expresa que “El dictamen contra Tapia y otros cinco policías, más que una resolución jurídica es una decisión política: abogados”. Aquí, los dos puntos nos dicen que esa opinión es de varios abogados consultados al respecto.
Pues bien. En el contenido de la nota, que ocupa un cuarto de página, foto a todo color incluida, no hay ninguna referencia ni a lo que se dice en el título ni a lo que se promete en el sumario. Es decir, no se informa sobre ninguna “cacería de brujas” y tampoco hay un solo abogado (peor abogados, en plural) que sostenga la afirmación que consta en el sumario.
¿Qué fue lo que pasó? ¿La consigna era simplemente sesgarse en contra del Gobierno? ¿Eso es hacer periodismo? Dios averigua menos y perdona más (JVC).
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