Temprano, el sábado, con cándido entusiasmo navegué las versiones online de los medios noticiosos industriales mexicanos en busca de alusiones al Día Mundial contra la Ciber-Censura [marzo 12], convocado por Reporteros sin Fronteras(RsF) desde 2008. Ni una palabra. Es desolador que seamos una sociedad autista.
Muchas veces pensamos la Web o «Internet» como medio más que como espacio; nos parece una tecnología para comunicarnos, cuando en realidad es un lugar virtual donde estar, interactuar y hacer montones de cosas que el espacio físico no nos permite, o lo hace limitadamente.
Atendiendo a la visión de Nicholas Negroponte, director del MIT Media Laboratory y gurú del pensamiento digital, la Web es el desdoblamiento del espacio público «atómico» —material— en uno virtual compuesto por «bits» —unidades de información—, y por eso ha cambiado tanto el mundo: es, digamos, un ecosistema ampliado.
Al estallar las recientes revoluciones en Oriente medio y el norte de África, sobre todo los medios europeos pretendieron ingenua y superficialmente atribuirlas a los netactivistas, como si un puñado de muchachos desde sus pantallas, nomás por disponer de un recurso comunicacional, pudieran tirar dictaduras depredadoras.
Las redes sociales y los soportes digitales de información están siendo un arma poderosa de los rebeldes en esa parte del mundo, pero lo que está permitiéndoles cambiar su realidad —no en todos los países— es un espacio, el digital, que antes no tenían y donde se arrellanan, desahogan, divierten y organizan para la acción.
Eso es lo relevante de que haya un Día Mundial contra la Ciber-Censura. Es cada vez recordatorio de que censurar la Red limita o cancela una parte del espacio público —la virtual—, cosa particularmente grave en sociedades donde la otra parte del espacio público —la material— es privatizada por poderes fácticos —como ocurre en México.
Para el Día Mundial contra la Ciber-Censura, RsF preparó un estupendo Informe donde recorre la sucesión de hechos que va de «la consagración de las redes sociales y del rol de la Web como instrumento de movilización», alCablegate detonado por WikiLeaks, las revoluciones árabes y los niveles de censura autoritaria en la Red.
Como la Red es el espacio público ampliado y, en consecuencia, en él se manifiestan los mismos fenómenos sociales, está dándosele un uso «para lo mejor y para lo peor», precisa el Informe de RsF.
Así, «en los países más divididos, crea un espacio de libertad que no existiría de otra manera. Su potencial de difusión de información irrita a los dictadores y vuelve ineficaces los métodos tradicionales de censura», por lo que «algunos regímenes se dotan de recursos para vigilar a los disidentes… e infiltrarse en sus redes».
En este sentido, RsF clasifica a los países entre «Enemigos de Internet», incluidos China, Irán, Venezuela y Cuba, donde el Estado cancela el acceso a la Web; y «Países bajo vigilancia», como Australia, Libia, Rusia, Turquía y Francia, por establecer legislaciones tipo mordaza.

Que en México los medios industriales omitiéramos esta fecha equivale a la lógica aldeana de «si hay una explosión nuclear, yo me voy para mi pueblo». No es que nos competa sólo por lo que sucede en aquellas sociedades, sino por lo que vivimos acá.
El espacio público lo tenemos crecientemente «tomado» por el crimen organizado —que incluye autoridades articuladas al delito—; la militarización de la seguridad y la justicia; una industria mediática enfocada en lucrar con las tragedias humanas, y nuestros hábitos ciudadanos de apropiarnos informalmente de bienes comunes.
Conmemorar el Día Mundial contra la Ciber-Censura nos habría permitido reflexionar sobre si, como colectivo, estamos habitando creativa y constructivamente el espacio público digital, y qué normas explícitas de netconvivencia se necesitan para que lo anterior sea posible sin implicar censura.
Cada vez que pienso en esto me viene al recuerdo la foto de Diego Fernández de Cevallos yacente, desaliñado, desnudo, los ojos vendados, y cómo los periodistas, tanto de medios industriales como los ciudadanos, fuimos instrumento de los secuestradores para diseminarla en los medios formales y en los nuevos.
Y entiendo que los desafíos del espacio público físico son los del virtual: urgen normas impuestas y autorregulatorias que, privilegiando las libertades de expresión e información, protejan los derechos de todos a la dignidad, la presunción de inocencia, la propia imagen, la intimidad y la protección de datos personales.
Son temas complementarios: estar en la Web, respetándonos mutuamente —con reglas que vayan más allá de la denominada netetiqueta— nos permitirá articularnos para recuperar la parte del espacio público que los poderes fácticos han ido arrebatándonos.
Tenemos que lograr que —como anota el dossier sobre el Día Mundial contra la Ciber-Censura — La Web sea «una fuerza para la libertad».
Tuit
Al pasar por el mundo, Leduc dijo: «Una vez muerto, soy cabrón si me meneo». En El Universal online hay quien lo cree posible: «Morir a manos del narco la obligó huir a EU».