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José Villamarín Carrascal
En el “corre corre” de la información diaria, es fácil perderse y no saber si se está haciendo periodismo, relaciones públicas o propaganda.
Es lo que le viene sucediendo al periódico gubernamental Elciudadano.com, el cual, en su última edición (revisada el lunes 10 de mayo pasado, a las 12h00), tiene al menos seis titulares que, definitivamente, se acercan más a un boletín de prensa institucional que a una noticia. Y, lo peor de todo, a un boletín institucional hecho “a la antigua”, es decir, un boletín para que no sea publicado por los diarios del país, pues lo que busca es “mejorar la imagen” de una institución o de un funcionario y no de informar sobre un hecho determinado. Y eso, obviamente, no les interesa a los medios, pues no es periodismo, sino relaciones públicas.
Para este análisis, vamos a partir de algunos principios teóricos básicos que nos ayudarán a comprender mejor la propuesta.
El primer punto de partida es que, en términos formales, el periodismo informativo consiste en la difusión de hechos e ideas actuales, inéditos y de interés general, que sirven para influir en las audiencias, según la definición tradicional del profesor español Martínez Albertos. La difusión de ideas no se refiere a los puntos de vista del periodista, sino de terceros, es decir, de la fuente o informante. Para las opiniones personales está el periodismo de opinión.
Si de lo que se trata es de difundir los hechos y las ideas de terceros, es obvio que lo único que tiene que hacer el periodista, en estos casos, es decir quién lo dijo (cita de fuentes, en el argot periodístico), o sea, atribuir las declaraciones a quienes las dieron para evitar que aparezcan como si fuesen suyas.
La regla de oro, en estos casos, es: si es un hecho, no cite fuentes, si es una opinión, ¡hágalo!
Ahora bien, ¿cómo obtiene el periodista la información sobre los hechos? Básicamente de dos maneras. Por observación directa, es decir, cuando estuvo presente en el acontecimiento (“reportando desde el lugar de los hechos”, es una frase ícono en el periodismo). O porque terceras personas (las fuentes) le contaron.
En el primer caso, y si el periodista se limita a narrar lo que vio, la cita de la fuente es insustancial pues sería algo así como “llover sobre mojado”. Es el caso de un partido de fútbol, la inauguración de un evento, la presentación de una obra. Sería absurdo decir, por ejemplo: “Liga goleó 5-1 a Fluminense”, informó el presidente de la FIFA.
En el segundo caso, es decir, cuando la información proviene de terceras personas, es cuando hay que tener cuidado. ¿En qué momento no es necesario citar la fuente? Cuando se da por hecho que un acontecimiento es así y no de otra manera. Veamos este ejemplo: INIAP investiga control de caracoles en arroz. ¿Esto es así, es decir, es verdad que el INIAP está realizando dicha investigación? La respuesta tiene que ser positiva. Esto por una simple razón: Partimos de que hay un acuerdo tácito entre los medios de comunicación y el público: lo que nos dicen los medios, por principio, debe ser la realidad, entendida esta como los hechos empíricamente verificables (que esto no siempre se cumpla o que haya estrategias para matizar esa verdad, es otro problema, materia de otro análisis). En este ejemplo, si alguien duda de que así sea, puede ir al INIAP a verificar lo dicho. Pero el periodista no puede estar verificando las 150 informaciones diarias que publica (solo tiene que hacerlas en casos comprometedores, como analizamos en el siguiente párrafo). Lo contrario, es decir, partir del hecho de que los medios no nos informan la verdad, implicaría automáticamente su cierre definitivo e inmediato.
Pero hay casos en los cuales la información de terceras personas es una información interesada y, por lo tanto, puede estar sesgada. Es decir, cuando el objetivo no es precisamente dar a conocer algo sino crear estados de opinión (favorables o desfavorables frente a cualquier situación), entonces el periodista tiene que citar la fuente, pues de lo contrario aparece como que está tomando partido (estos son los casos que analizamos más adelante, en los titulares del periódico gubernamental El Ciudadano). En este caso, no se cumple la condición anterior de considerar que el hecho es así y no de otra manera, pues siempre habrá alguien que piense lo opuesto de la fuente interesada. En este caso, la declaración está más cerca de la opinión que del hecho, por lo que requiere la atribución de fuentes.
Lo contrario, es decir, si no hay declaraciones que sean comprometedoras ni impliquen toma de posición, el periodista no tiene porqué citar la fuente. Por ejemplo: Avanza la construcción del Centro Intercultural en el Juncal. Es obvio que no requiere atribución de fuentes, pues se asume que es así (el informante no va a mentir sobre este hecho que puede ser desmentido de inmediato por los mismos pobladores) y no son declaraciones comprometedoras. Es decir, no va más allá de la información de un hecho.
En resumen, hay tres momentos en los cuales no se debe atribuir fuentes:
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Cuando el periodista estuvo en el lugar de los hechos y se limita a narrar lo que vio
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Cuando se da por hecho que algo es así y no de otra manera, lo cual es empíricamente verificable
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Cuando la información no es comprometedora y no implica una toma de posición por parte del periodista
A partir de estos tres momentos, ensayemos cómo analizar si un título debe o no tener atribución de fuentes. Lo aplicamos al siguiente ejemplo tomado del mismo medio electrónico: Ejecutivo apoya prórroga a Ley de Aguas planteada por Cordero. En este título no hay fuente. Analicemos si eso es correcto. Para hacerlo, sigamos cada uno de los momentos señalados, haciéndonos la pregunta pertinente en cada caso.
1.¿El periodista estuvo en el lugar de los hechos? No, pues no es un hecho en sí, sino una información producto de una declaración, por lo que posiblemente requiera de fuente.
2.¿Es así y no de otra manera, es decir, el Ejecutivo apoya la prórroga de la Ley de Aguas plateada por el Legislativo? La respuesta es sí, pues se lo puede corroborar en videos y audios de la mayoría de medios de comunicación, donde constan las declaraciones de Doris Soliz, vocera oficial en estos temas.
3.La última pregunta: ¿Es una declaración comprometedora, que busca tomar partido? No. Es una simple declaración que busca dar a conocer la posición del Ejecutivo frente al hecho. El periodista aparece solo como un informante, que no toma posición ni a favor ni en contra del Ejecutivo.
Por lo tanto, no era necesario citar la fuente. Claro que si algún medio lo hacía, tampoco estaba mal (“lo que abunda no daña, cuando no es mal ni cizaña”), pero no es que indefectiblemente tenía que hacerlo. Lo que sí se recomienda es que en el contendido de la nota se confirme la o las fuentes que hacen estas aseveraciones (en este caso, la ministra Coordinadora de la Política, Doris Soliz), tal como lo hace este medio virtual.
Sobre la base de este necesario marco teórico, pasemos a analizar los seis titulares de elciudadano.gov.ec, en los cuales considero que hay serios problemas de atribución de fuentes.
Comencemos con este titular: La ley de Educación Superior garantiza profesionales de excelencia con oportunidades de trabajo. La primera pregunta y la más obvia es ¿quién dijo esto? Si no hay fuente, como en efecto no la hay, la responsabilidad de lo dicho recae en el periodista, quien da por hecho que es así y no de otra manera, por lo que consideró que no era necesario citar la fuente. ¿Es correcto lo que hizo el periodista?
Ensayemos nuestras preguntas. ¿Esta afirmación es un hecho o una opinión? De ninguna manera es un hecho. Es el punto de vista de alguien (en este caso de la vicepresidenta de la Comisión de educación, cultura, ciencia y tecnología, de la Asamblea Nacional, Aminta Buenaño) que, por lo mismo, debe ser citado.
¿Es inobjetable que dicha ley va a garantizar excelentes profesionales y plazas de trabajo? De ninguna manera. De hecho, habrá mucha gente que opine lo contrario, pues eso no se ha logrado, al parecer, en ningún país del mundo. Como vemos, esta es solo una opinión y como tal hay que mantenerla, por lo que exige cita de la fuente.
¿Y el nivel de comprometimiento de esta declaración? Pues muy alto. Al no citar la fuente, el periodista está convirtiendo a esa opinión en un hecho, lo cual es grave. Es decir, el periodista o el medio están asumiendo que la Ley de Educación Superior garantiza excelencia académica y mercado laboral, lo cual no puede hacerlo, desde ningún punto de vista. Incluso, si así fuera (lo cual es imposible demostrarlo), el periodista debería citar la fuente para no involucrarse en lo dicho.
Por lo analizado, esto no es hacer periodismo. Está, de hecho, más cerca de la propaganda que de la información.
Veamos el siguiente caso: Protestas por Ley de Aguas son infundadas para apoderarse de ciertas instituciones. Dicho así, es el periodista o el medio quien sostiene que las protestas son para apoderarse de ciertas instituciones. ¿Está el periodista en condición de mantener esta aseveración? Por supuesto que no. ¿Le corresponde hacerlo? De ninguna manera. El periodista o el medio no pueden aseverar que las protestas indígenas por la Ley de Aguas son para apoderarse de ciertas instituciones. Y aunque así fuera, debe citar la fuente para evitar ser visto como que está tomando partido frente a este acontecimiento lo que le ubicaría más cerca de la práctica propagandística (buscar adeptos para una causa) que de la informativa.
Como en el caso anterior, está confundiendo hechos con opiniones. Por eso, lo que le queda es asumir su función de comunicador y no de propagandista, y citar como fuente al autor de las declaraciones, que es el Presidente de la República. Tan simple como eso.
Vamos con el tercer ejemplo: La dolarización se mantiene firme gracias a políticas del Presidente Correa. Es un caso similar a los anteriores: al periodista no le compete hacer suyas este tipo de declaraciones, pues hay juicios de valor de por medio. Más parece el vocero de la institución que el periodista del medio. Diga, simple y llanamente, que lo expresó la ministra Coordinadora de la Política Económica, Katiuska King, y sálgase del atolladero en el que se metió por gusto.
En los siguientes titulares, no hay juicios de valor, pero sí las declaraciones tienen cierto nivel de comprometimiento, por lo que es preferible citar la fuente.
Por ejemplo: Este Gobierno en 3 años ha pagado al IESS más que otros en 22 años. Volvamos a nuestras preguntas-guías. ¿Este es un hecho o una opinión? Parece ser lo primero, por lo que no podría ir la fuente. ¿El objetivo es informar sobre esta realidad o crear estados de opinión? Está definitivamente más cerca de lo segundo. Por eso es que la frase suena más a publicidad que a información, por lo que da la idea de que se está utilizando el medio para favorecer la imagen del gobierno. Y esto es relaciones públicas y no periodismo. Por eso, lo mejor que se debe hacer es decir que esta afirmación la hizo el Presidente del Consejo directivo del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), Ramiro González, tal como consta en el primer párrafo de la nota.
Algo similar sucede en el siguiente título: Se cumplirá con subsidio del 40% a pensiones jubilares. Al no citar la fuente, el periodista está garantizando que esta es una realidad, que no es simplemente una declaración política. ¿Le compete esto al periodista? ¿Qué pasa si no se cumple con la entrega de ese subsidio? Si cita la fuente, la responsabilidad del incumplimiento la traslada a la fuente y no la asume él. Por eso es que el reportero no debería hacerse cargo de esta afirmación; su obligación es, más bien, descargar lo dicho en el autor de la información, que es el ministro de Finanzas, Patricio Rivera. Lo contrario le hace aparecer como un boletín de prensa que busca dar imagen institucional antes que informar.
El último título de este análisis aparece como nada comprometedor y aparentemente inocuo:Estudio actuarial sirve para garantizar estabilidad de recursos de los afiliados. Es posible que sea así y no de otra manera, por lo que bien podría ir sin fuente, como consta en el periódico virtual analizado.
Pero si leemos el primer párrafo de la noticia, nos daremos cuenta que esta es una declaración producida para responder a sectores que piensan que el IESS “estaría pasando por difíciles momentos financieros”. Entonces, ya adquiere otros ribetes. La información no es inocente, pues tiene una finalidad política. Por lo tanto, sin citar la fuente se está dando por hecho que los estudios actuariales del IESS servirán para garantizar las finanzas de la institución. Con lo cual ya se está tomando partido. Y eso no le compete al periodista. Es más, si mencionaba la fuente, que no es gubernamental, sino de un experto en Seguridad Social, creo que incluso ganaba más en credibilidad.
Dos puntos finales para concluir el análisis.
Primero. Se podría esgrimir que elciudadano.gov.ec es un periódico gubernamental. Y que, por lo tanto, una de sus finalidades es la de dar una imagen positiva del Gobierno. Claro que sí. Y para eso utiliza la información como recurso estratégico. Pero la pregunta es: ¿quiere hacerlo de manera eficaz o no? ¿El objetivo es quedar bien con el presidente de la República o con el secretario de Información o informar a la ciudadanía de manera veraz sobre las actividades gubernamentales que considera que es imprescindible que el pueblo esté enterado?
El tema, aquí, es credibilidad. Si puedo difundir información que sea creíble, debo hacerlo de manera profesional. Y en el periodismo, uno de los temas claves, es el manejo de las fuentes.
Segundo. Una de las justificaciones que se podría dar para no citar fuentes en estos casos es que ellas están mencionadas de manera inmediata en el primer párrafo. En efecto es así, pero aquí hay dos problemas: el título es lo más importante de la nota, por lo que tiene que “defenderse por sí solo” y no pretender engañar a nadie, intentando confundir opinión con información. Y, segundo, el título, en sí, es una oración gramatical, la cual, según la definición de cuarto grado de escuela, debe tener “sentido completo y autonomía sintáctica”. Para que tenga sentido completo, póngale la fuente, colega periodista, y habrá cumplido ética y profesionalmente con su deber de informar, aunque fuera un periódico gubernamental en el que trabaja.
Para finalizar, la última pregunta. ¿Es legítimo que elciudadano.gov.ec, al ser un medio gubernamental, haga propaganda y relaciones públicas en lugar de periodismo? En mi criterio, sí. Solo que, en ese caso, no diga que hace periodismo. Solo diga que hace propaganda y relaciones públicas. Y todos quedaremos conformes. |