Noticias censuradas

El Proyecto Censurado de la Universidad de Sonoma State, California, rescata las historias periodísticas más relevantes pero más ocultadas por los grandes medios corporativos transnacionales cada año. En esta sección ofrecemos los textos correspondientes de este proyecto.

Las 25 Noticias Más Censuradas 2010/2011 (CASTELLANO) NUEVO

The Top Censored Stories From 2009-2010. (INGLÉS) 

Las 25 historias censuradas durante 2009-2010 (CASTELLANO) 

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El Comercio y el eufemismo o la dulcificación de lo abominable

En 1937, fue creado en Estados Unidos el Institute for Propaganda Analysis (IPA) con el propósito de educar al público de ese país acerca de la naturaleza amplia de la propaganda  política que no solamente subyace en el discurso de ese tipo, sino que se manifiesta también en otros discursos como el mediático, el periodístico.

Inspirado por la experiencia del IPA, Aaron Delwiche creó un sitio en Internet sobre el tema (www.propagandacritic.com) en el que establece, analiza y ejemplifica siete recursos retóricos de la propaganda, dentro de los cuales (además de las generalidades deslumbrantes, juegos de palabras, adjetivaciones, etc.) está el eufemismo; es decir, el uso de palabras o frases que buscan minimizar el carácter indeseable o brutal de hechos o protagonistas para hacer aceptable lo abominable. Actualmente en el marco de las invasiones, guerras “preventivas”  y acciones militares que se dan en el mundo, especialmente desde ese país,  los eufemismos son más necesarios que nunca para minimizar el carácter brutal de esos actos criminales, para dulcificarlos.

Por ejemplo, en Estados Unidos a su misil MX lo llamaron “el pacificador”; los asesinatos de civiles (especialmente niños y mujeres) se denominan “daños colaterales”; a la tortura se la define como “técnica mejorada de interrogatorio”;  a los bombardeos supuestamente a objetivos  militares pero con bajas civiles se les califica de “quirúrgicos”; cuando un presidente de Estados Unidos (y lamentablemente esto es frecuente) ordena una invasión se dice que “dispuso el envío de marines”; los suicidios de los secuestrados en Guantánamo son “acciones manipuladoras de autodaño”; y un largo etcétera que se reproduce cotidianamente en las secciones de información internacional de los diarios de esta parte del mundo.

Esta retórica encubridora, que puede entenderse pero no justificarse que use el gobierno de un país que agrede a otros, es absolutamente rechazable cuando del periodismo se trata: del ético, que es el único que existe, porque el otro es propaganda que pasa como periodismo.

Si uno revisa la información dada por la prensa hegemónica occidental, especialmente de Estados Unidos, sobre las diversas guerras emprendidas en los últimos años por ese país contra otros más débiles (Somalía, Afganistán, Irak, etc.) encontrará ejemplos de esto a cada paso. Lo triste es cuando encontramos casos similares en la prensa ecuatoriana. Alfonso Sastre decía, refiriéndose a los países del norte, con ecos cacatuescos en los del sur: “llamamos ‘terrorismo’ a la guerra de los pobres y ‘guerra’ al terrorismo de los ricos.”

Un patético ejemplo de eufemismo nos da el diario El Comercio del 21 de enero de 2012 (p. 8). En casi tres cuartos de página reproduce una entrevista realizada por Alejandro Baena, del diario El Tiempo de Bogotá, a la periodista de BBC Mundo de New York, Emma Reverter, a propósito de la publicación de su libro “Guantánamo, 10 años”.

Una de las evidencias más brutales e impunes de violación sistemática de los derechos humanos se encuentra en la última década en la base militar de Guantánamo, enclave colonial en la isla de Cuba, regida por los EEUU. Desde el trágico 11S, en este “campo de concentración” han sido detenidos, torturados y violentados en todos sus derechos (algunos incluso han muerto) centenares de ciudadanos que fueron secuestrados en diversos países y llevados a este campo en las peores condiciones bajo la acusación de “terrorismo”.

Por ello, varios gobiernos del mundo, las Naciones Unidas, organismos de derechos humanos, Amnistía Internacional e, incluso, expresidentes de ese país (como Carter y Clinton), han criticado duramente lo que allí sucede y han pedido su cierre.

Al conmemorar diez años de la creación de esta infame prisión, Moazzam Begg, uno de sus sobrevivientes, sintetizó el drama vivido: “este es un aniversario de tragedia, dolor, tormento, familias desgarradas, una página oscura en la historia moderna de la humanidad. Es una historia de niños detenidos, de amputados detenidos, de ancianos, de personas detenidas sin cargos ni proceso durante una década por la nación más poderosa y democrática del mundo, que habla de libertad" (www.democracynow.org , 11/01/12).

Sin embargo de esta historia de dolor y de tragedia, de esta violentación impune (hasta ahora) de los derechos humanos, ¿cuál fue el título que El Comercio utilizó para esta entrevista?, el aséptico: Guantánamo, de una base naval a un pueblo “gringo”. En este juego de “antes” y “después” (como la publicidad de los centros de cirugía estética) los eufemismos utilizados por este diario escamotean, silencian, niegan la historia abominable de este escenario de la infamia, porque ¿qué tienen que ver denominaciones como “base naval” o “pueblo ‘gringo’” con lo que allí aconteció y sigue aconteciendo?, ¿fue realmente solo una “base naval”?, ¿es ahora solo un “pueblo gringo”?, ¿dónde quedan los torturados, mutilados, secuestrados sin garantías legales, castrados existencialmente?

Si bien es cierto que la responsabilidad de la entrevista y de su contenido final es del periodista de El Tiempo, el cómo se la titula es de El Comercio. Y aquí solo caben tres explicaciones:

1. Quien tituló es ignorante (raro en un medio que se considera profesional)

2. Le dio pereza (esto suele darse en combinación con 1, lo que potencia aún más los efectos) ir más allá del texto referido, investigar un poco para conocer los antecedentes (algo hizo pues hay un recuadro con estos, pero no sirvió de mucho), acercarse al contexto y condensar adecuadamente en el titular lo nodal de la historia, y

3. Hubo mala fe, el “titulador” quiso congraciarse con la propaganda imperial, contribuir a lograr una opinión pública favorable a ella, por eso el uso de un eufemismo que al negar la parte abominable de una historia, la dulcifica para justificar lo injustificable.

En cualquier caso, este es un buen ejemplo del eufemismo como recurso retórico de la propaganda que pasa como periodismo, haya sido consciente o no. En estos casos, adquiere más sentido lo que dijo Harold Pinter, Premio Nobel de Literatura 2005: “El lenguaje se usa hoy en día para tener controlado el pensamiento”; es decir, para condicionar las mentes a fin de que, al dulcificar lo abominable, se acepte lo inaceptable (FCh).

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Comentarios (3)Add Comment
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Felipe Bucaram
enero 27, 2012
186.46.112.140
Votos: +0
...

Como siempre, proyectando sus propios errores en los demás...

0
Giovanni Tapia
enero 31, 2012
186.69.126.54
Votos: +0
Eufemismos

Tiene razón el señor Bucaram, los errores de la CIESPAL y sus eufemismos con el gobierno y su cercanía, así como su odio y resentimiento contra las empresas mediáticas de donde seguro salieron como cualquier anónimo o nunca trabajaron y siempre quisieron ser parte... Qué pena, además, que siempre escriben desde esa izquierda trasnochada a la que no se le cayó el Muro y ven enemigos debajomde las piedras... Con el ejemplo se predica. Vuelvo a ponerles el reto de que todo lo que critican lo practiquen en un medio que les dé cabida. El telégrafo podría ser, donde son afines políticamente y del que nada han dicho de que no tenga un defensor del lector siendo un medio dizque público. Eso es un eufemismo, FCh.

0
Mediaciones
febrero 02, 2012
201.218.30.195
Votos: +0
Respuesta a G. Tapia

El solo hecho de que publiquemos sin edición sus groseras e infundadas críticas ya habla bien de nuestro medio y lo diferencia de aquellos que defiende en los que algunas críticas no son publicadas (nos ha pasado algunas veces). Dejo de lado esos lugares comunes viscerales como calificar a la crítica a medios (reivindicamos ese derecho) como “odio y resentimiento contra las empresas mediáticas”, el atacarla con el mote de “gobiernistas”. También aquel criterio retrógrado de “izquierda trasnochada” por el solo hecho de no aceptar una geopolítica genocida de los Estados Unidos (¿es posible justificar lo acontecido en Guantánamo?, ¿cabe esa posibilidad en un ser humano digno de tal condición?). En cuanto a que publiquemos lo que escribimos en medios que nos den cabida, no nos interesa, no los necesitamos para legitimar nuestro trabajo, creemos en el potencial democratizador de la Internet donde son posibles medios alternativos como este. En cuanto a que practicamos un “eufemismo” (aceptemos el barbarismo semántico) al no criticar lo que hace El Telégrafo y otros medios estatales, solo véanse algunos de los últimos artículos publicados en Mediaciones:

Los medios y el proyecto de Ley de Comunicación: Entre mentiras, verdades parciales y coberturas adecuadas


La noticia y el pan guardado que nadie lo consume


La alegría del pobre dura poco


¿Un título militante?


Una de Cal y otra de arena


Fortalecimiento de la libertad de expresion y reivindicacion del derecho a la critica



Y cito un texto de este último: “En cuanto al Ombudsman o Defensor del Lector, excepto por la experiencia del diario Hoy, que data de mediados de los 90 y que se mantiene hasta la actualidad, y una experiencia breve e inocua en el canal de TV Ecuavisa, ningún medio en el país ha tenido este fundamental espacio de autocrítica, incluyendo lamentablemente a los medios a cargo del Estado que deberían ser los primeros en dar la pauta.”

Si no tiene tiempo para leer nuestro trabajo, comprendo, pero en ese caso no critique sin fundamento.

FCh.

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