Noticias censuradas

El Proyecto Censurado de la Universidad de Sonoma State, California, rescata las historias periodísticas más relevantes pero más ocultadas por los grandes medios corporativos transnacionales cada año. En esta sección ofrecemos los textos correspondientes de este proyecto.

Las 25 Noticias Más Censuradas 2010/2011 (CASTELLANO) NUEVO

The Top Censored Stories From 2009-2010. (INGLÉS) 

Las 25 historias censuradas durante 2009-2010 (CASTELLANO) 

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“Donde hay comunicación hay transparencia, donde hay transparencia hay democracia”, Ricardo Paz Ballivan
Es lo que afirma el sociólogo y consultor político boliviano Ricardo Paz Ballivian acerca de las políticas nacionales de comunicación. Además, en esta entrevista para MEDIACIONES, Ballivian comenta sobre el papel de los comunicadores y de los medios de comunicación en este proceso, así como las responsabilidades del Estado, desde la realidad boliviana y también hace una lectura de la ecuatoriana.
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Es innegable el papel de la comunicación en el fortalecimiento de la democracia, de ahí la importancia de la adopción de políticas claras de comunicación por parte de los gobiernos, entendidas como un conjunto de normas que marquen las pautas en las relaciones gobierno-sociedad, no solo para informar acciones y planes de trabajo, sino como un sistema integrador en el que el derecho a la comunicación sea ejercido con plenitud por ambos interlocutores y como base para la ejecución de planes y programas sostenidos de desarrollo.

¿Desde cuándo los comunicadores se han preocupado por desarrollar teorías en torno a la comunicación para el desarrollo?

Es muy difícil establecer un momento específico, pero sin duda alguna fue al influjo de las teorías desarrollistas o de la dependencia, elaboradas en la época de la CEPAL -década del 60- cuando se empezó a hablar de la necesidad de la comunicación para el desarrollo, y de políticas de comunicación que puedan contribuir de manera mucho más activa al desarrollo  de los países, especialmente de América Latina. Fue en ese origen, como parte de un movimiento que la historia lo reconoce como desarrollismo, el de la dependencia o el de la teoría del desarrollo, que apareció la necesidad de las políticas de desarrollo, y la comunicación surgió como un instrumento para el desarrollo.

¿Existe un perfil del comunicador para el desarrollo y en qué se diferencia del periodista?


En esa década se empieza a teorizar el tema, lo que no quiere decir que antes los comunicadores no hayan contribuido al desarrollo. Esto ha pasado desde que existe la comunicación. Como fenómenos sociales están ligados desde siempre. El periodista, que tenía como una égida de su activad relatar o describir los hechos noticiosos, entiende que puede tener un papel más activo y comprometido con la realidad que le circunda. Esto parte a raíz de la teorización de un trabajo práctico que ya se venía realizando; cuando el periodista empieza a teorizar comprende que su función va más allá de testimoniar los hechos y que puede influir, para bien o para mal, en el desarrollo de su contexto. Entonces ahí empieza a entender que la comunicación es un tema más amplio y global que el simple periodismo y comienza a trabajar de esta manera.

¿A quiénes podríamos mencionar como iniciadores de esa teorización?


Obviamente, el ícono es Mc Luhan, pero puedo referirme también a mi compatriota Luis Ramiro Beltrán quien es pieza clave en este proceso. Ellos empiezan a trabajar en este tema y lo van desarrollando en un momento en que esto sonaba como una cosa rara: incorporar el tema de la comunicación como un componente del plan de desarrollo. Las décadas de los 60 y 70 se convierten en un factor de quiebre en el desarrollo de este tema.

Desde esa fecha, ¿ha habido una evolución en la concepción de las teorías que soportan el tema de las políticas de comunicación o de la comunicación para el desarrollo?

En estos 40 años ha habido un gran desarrollo y evolución en materia de teoría de la comunicación y comunicación para el desarrollo. A esta altura, el CIESPAL es un centro fundamental que explica el desarrollo que han tenido estas teorías, pero además, en casi toda América Latina, están todos los gobiernos, organismos internacionales y de cooperación para el desarrollo. Ahora sería impensable pensar en el desarrollo sin un componente de comunicación.

¿En qué medida las políticas de comunicación apuntalan a las democracias?

De manera definitiva, porque la comunicación es un factor de integración y de congregación societal; es decir, donde no existen canales adecuados de comunicación, que hagan que ésta fluya con la menor cantidad de ruidos, se provocan sociedades autoritarias, poco transparentes, oscuras; donde hay incomunicación se favorece la discrecionalidad, el autoritarismo, la dictadura; donde hay comunicación hay transparencia, donde hay transparencia hay democracia y mayor posibilidad de intervención de los ciudadanos en la definición de las políticas y en la participación de todas las decisiones de su vida cotidiana.

Definitivamente, las políticas de comunicación contribuyen de manera definitiva no solo a la consolidación de la democracia sino a la ampliación constante de ella. La democracia no es un sistema muerto, sino un sistema vivo que se construye todo el tiempo y se va creando, obviamente nunca vamos a llegar al ideal griego de la democracia total, donde todos decidamos todo, pero sin duda cada vez nos acercamos más a esa utopía igualitaria y en eso la comunicación es esencial. Sin adecuadas políticas de comunicación sin adecuados canales, no es posible alcanzar esos ideales.

¿Cómo deben las políticas de comunicación interactuar con las demás políticas de un Estado, como las políticas social, educativa, económica, de salud?

En dos planos, primero en términos funcionales, como algo que transversaliza todas las políticas; es decir, estos canales o flujos, con adecuadas herramientas que tenemos que generar a través de las políticas de comunicación, tienen que contribuir a concretar los objetivos políticos, sociales, económicos. El otro plano es el de lograr la participación ciudadana, que los ciudadanos se involucren no solo para participar en términos de exigir y reclamar derechos sino también en términos de responsabilidad, de participar, de cumplir con sus deberes, de conocer y responsabilizarse de la parte que les toca, porque mucho hablamos de los derechos a opinar, a reclamar, pero no de los deberes, que debemos ser tolerantes, cumplir las normas, pagar los impuestos, y para esto las políticas de comunicación también son claves.

¿Cuál es el papel de los medios en este proceso?

Los medios cada vez son menos medios, y cada vez son más protagonistas del hecho comunicativo y eso no necesariamente es bueno. Lo ideal es que los medios cumplan su función de facilitadores del proceso comunicacional para que se siga dando entre el emisor y el receptor, que sea de ida y vuelta, pero muchas veces el medio se convierte en protagonista del hecho comunicacional, deja de ser un canal, un objetivo, para convertirse en parte del sujeto y eso es terrible. La problemática no resuelta en nuestros días es: ¿como regular esa participación de los medios sin atentar contra la libertad de expresión, o de movimiento? Pero al mismo tiempo, ¿dónde están los derechos del ciudadano a exigir que el medio sea imparcial, objetivo, ecuánime? ¿Hasta donde debe soportar a la prensa amarilla? Son los grandes debates acerca de hasta dónde podemos ir con la regulación de una política de comunicación y hasta donde debemos ejercer la plena libertad en materia de comunicación.

¿Cómo lograr la aplicación de una política de comunicación en países como los nuestros, que son tan diversos, con realidades económicas, culturales y sociales tan dispares entre una región y otra e inclusive con intereses políticos tan disímiles?

Tengo la percepción de que en esta materia no hay que inventar la pólvora sino hacer lo que todos sabemos hacer y que es fortalecer las instituciones. No existe Estado que no se exprese a través de sus instituciones. Mientras nosotros no fortalezcamos nuestras instituciones y éstas no cumplan el rol que deben cumplir, -según nuestras leyes y constituciones- mientras no se cumpla la ley, mientras no superemos esta situación de anomia social ya perenne que vive América Latina y la ausencia de normas y de respeto a la ley, mientras no se resuelva esto no se podrá construir el Estado.

Precisamente quienes hablan más de la fortaleza del Estado son los que le están debilitando, porque están desestructurando las instituciones, las están debilitando y provocando su colapso. Cuando el Banco Central funcione como debe funcionar, cuando el Ejército y las instituciones funcionen sobre la base de políticas de Estado y no al servicio del gobierno del turno, entonces sí vamos a generar políticas de mediando y largo plazo, que nos permitirán tener también horizontes de mediano y largo plazo en términos de desarrollo político, económico, social, etcétera.

En materia de comunicación social es muy evidente, y cuando el canal y la radio del Estado sean verdaderamente del Estado y no del gobierno de turno, se tendrá políticas de mediano y largo plazo, mientras tanto es imposible. Todo es parte del proceso de desinstitucionalización, de debilidad institucional que vivimos. Por eso es que no tenemos presidentes sino caudillos, de derecha o izquierda, que surgen cuando no hay instituciones. En los Estados Unidos todos saben que Obama va a durar cuatro u ocho años y después nadie se va a acordar de él, será buen recuerdo histórico, como lo son Clinton o Bush. No tienen caudillos, tienen instituciones; lo que pervive es la institución de la presidencia de la república, la institución del congreso, pervive la institución del tesoro. Aquí no, aquí se vive la era de Febres Cordero, de Bucaram.

Entonces, ¿estamos asistiendo al ocaso de un sistema?

Este es un gran debate. Bolívar decía una gran verdad, que estamos destinados a la ingobernabilidad, a ser ingobernables. “He arado en el mar.” Yo trato de no ser tan pesimista, pero la realidad le dice a uno que son años de años -59 ó 60- que tratamos de construir instituciones y hacer un buen trabajo. En Bolivia, por ejemplo, del 82 hasta el 2000 se trató de consolidar una institución, se construyó una serie de cosas y de pronto todo se vino abajo y surgieron los caudillos. Por eso  es que Ecuador tiene 20 constituciones; Bolivia, 18; Colombia, 14; Perú, 16; es decir, vivimos todo el tiempo volviendo a empezar, y esto ojalá no sea nuestro sino histórico y algún momento podamos superarlo. Ojalá sea una etapa de nuestro desarrollo.

¿Una política de comunicación pública tiene que responder a un momento político de un país, o a la necesidad de poner en práctica una corriente filosófica vigente dentro las teorías de la comunicación?


Creo que, como en todo, es parte de un proceso de madurez institucional. Las democracias son jóvenes o maduras. Quiero pensar que nosotros somos una democracia joven camino a la madurez, en la que están madurando las instituciones y en la medida que las fortalezcamos se van a fortalecer las políticas de Estado en todas las materias. Espero que esto suceda también en las políticas de comunicación.

En el caso de su país, Bolivia, ¿cómo se han aplicado las políticas de comunicación y cómo éstas interactúan con las demás políticas en los diferentes gobiernos?

El gran problema en todos los países de América Latina, y por supuesto en Bolivia, -con lamentable crudeza- es que no existe continuidad en las políticas de ningún tipo y menos en las políticas de comunicación, es decir, no existen políticas de Estado, lo que existe es la política de comunicación del gobierno tal o del próximo gobierno; este gobierno trata de echar por la borda todo lo que hizo el anterior. Todos tienen complejo de Adán, creen que el mundo empieza con ellos. Así es en todo, no solo en las políticas de comunicación, sino en las sociales, económicas, etcétera. Y en política de comunicación se confunde mucho la comunicación con propaganda; cada gobierno cree que su función es propagandizar de la mejor manera todo lo que hace, y se olvida del derecho que tiene la gente a la información veraz, ecuánime, tolerante. Entonces, todo el tiempo vemos cambios constantes en las políticas de comunicación por la ausencia de políticas  de Estado.

En Bolivia ha sucedido eso siempre y hasta el día de hoy no hay políticas de Estado, de hecho, los medios de comunicación del Estado no son del Estado, son del gobierno, el canal de televisión oficial responde a la política del gobierno y no del Estado, igual es con las radios y la prensa escrita que maneja el Estado. Sin embargo, no todo es negro o terrible, porque algunos avances existen, como la política de transparencia de la información, se ha legislado algo sobre la necesidad de que los ministerios informen de manera oportuna y transparente, la contraloría puede exigir que las empresas estatales transparenten sus ejercicios institucionales. Hay avances, pero estamos muy lejos de lo que podríamos llamar el primer mundo en estos temas, lejos de tener una BBC en Bolivia, por ejemplo, o de tener una política de Estado en materia de comunicación.

Más que políticas de comunicación, diría que tenemos experiencias innovadores en nuestros países. En Bolivia, las radios comunitarias, las radios mineras, el trabajo de algunas ONGs en las áreas rurales e indígenas en defensa de sus derechos, hay ese tipo de experiencias, pero denominar a ello “un modelo” boliviano sería excesivo. Creo que hay experiencias como éstas en otros países de América Latina, que son innovadoras e interesantes, pero hablar de modelos en políticas de comunicación me parece que no es lo adecuado.

El comunicador trabaja en aguas no siempre calmas y le toca, a veces, hacer papeles difíciles.


Es verdad. Todos sabemos lo que hay que hacer, todos sabemos por dónde está la luz el camino, pero hay algo que nos impele a hacer lo contrario, a no fortalecer las instituciones a seguir creyendo en caudillos. Es un tema de cultura e intereses. Cómo podemos construir democracia cuando tenemos todavía una cultura machista y patriarcal en el hogar. Cómo pretender que haya democracia en la sociedad si todavía el núcleo familiar es esencialmente autoritario y dictatorial, donde el hombre macho domina, la mujer está sometida, los hijos no tienen opinión. El tipo de modelo societal, que es la familia, no funciona y cuando el hijo se convierte en ciudadano busca tener un papá que le dé haciendo las cosas y es ahí cuando surgen los caudillos.

 


Ricardo Paz Balllivian
 
Sociólogo boliviano especializado en Reforma Políticas, master en elaboración y evaluación de proyectos y planificación estratégica. Ex diputado nacional. Participó en el proceso de la Reforma Constitucional Ecuatoriana, como asesor de la Asamblea Constituyente en 1998, y trabajó para el PNUD y el BID.

Fue el coordinador general del Programa de Reformas Constitucionales de Bolivia en 2001 y coordinador nacional para la Asamblea Constituyente entre 2003 y 2005.

Escribe columnas de opinión en los más importantes periódicos bolivianos y tiene una importante producción bibliográfica. Fue coordinador nacional del Referéndum Nacional Vinculante de la República de Bolivia en julio del año 2004 y asesor político del Presidente de la República Carlos Mesa, hasta la finalización de su mandato en junio de 2005.

Actualmente es profesor investigador de la Universidad Andina Simón Bolívar, consultor internacional y representante en Bolivia del Centro Interamericano de Gerencia Política con sede en Miami, FL. y presidente ejecutivo del Centro Boliviano de Gerencia Política. También es columnista regular del diario La Razón, considerado el de mayor influencia en Bolivia.

Entre 1989 y 2008 ha dirigido 23 campañas electorales presidenciales y locales en Bolivia, Ecuador, Perú, Paraguay, México y Colombia con un récord de éxito a octubre de 2008, certificado por ALACOP (Asociación Latinoamericana de Consultores Políticos), del 82 por ciento, lo que lo convierte en el tercer consultor político latinoamericano mejor ubicado.
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