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La necesidad de crear un nuevo orden informativo internacional desembocó, en 1980, en la redacción del Informe Mac Bride, que fue más que todo una denuncia sobre los monopolios informativos, los flujos y contenidos de la información y la gran brecha que, en esta materia –también– existía entre el norte y el sur.
El principal mérito de este documento radica en que ahí se empezó a hablar de la democratización de la comunicación y el derecho a la información como otros pilares de los derechos ciudadanos.
En una entrevista para Mediaciones, Erick Torrico desentraña el ambiente previo a la aparición del Informe Mac Bride, sus tropiezos, sus aportes y los avances logrados en materia de democratización de la comunicación, sin perder de vista la importancia del factor económico, de lo cultural y social, en un ambiente de globalización que ha repercutido en la marcha de todas las sociedades.
¿Qué circunstancias determinaron la formulación del informe Mac Bride? ¿Cómo era el ambiente de la comunicación antes de 1980?
El informe “Un solo mundo, voces múltiples”, más conocido como el Informe Mac Bride, fue aprobado por la UNESCO en su asamblea general de 1980 como resultado de un proceso iniciado al menos en 1976, cuando el Movimiento de Países No Alineados formuló la propuesta para constituir un Nuevo Orden Informativo Internacional (NOII), a la que le había precedido otra, relativa a la necesidad de alcanzar un Nuevo Orden Económico Internacional.
La ONU había incorporado este último planteamiento en una declaración sobre los derechos económicos de las naciones, en 1974, y luego, en 1978, encomendó a una Comisión presidida por Sean Mac Bride la preparación de un documento referencial sobre el estado de las comunicaciones en el mundo. Ese equipo, en el que por Latinoamérica participaron el colombiano Gabriel García Márquez y el chileno Juan Somavía, emitió un cuestionador informe que luego de tensas discusiones y pese a la presión de las principales potencias capitalistas fue aprobado por mayoría gracias a la presencia numérica de más Estados del llamado Tercer Mundo.
El Informe Mac Bride aportó evidencias sobre las desproporciones existentes entre las infraestructuras, los volúmenes, los flujos y los contenidos informativo-comunicacionales del “mundo desarrollado” y los del “mundo en desarrollo”; en otros términos, constató la primacía de aquel sobre éste, llamó la atención sobre la urgencia de buscar otro equilibrio a escala internacional, propugnó la democratización de las comunicaciones y postuló la adopción de un Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación (NOMIC), variante del NOII que no obstante su progresismo abrió la puerta para que también participaran en la construcción de ese nuevo ordenamiento las corporaciones transnacionales.
Sin embargo, la sola idea del NOMIC provocó una crisis de gran magnitud en el seno de la UNESCO, de donde inicialmente se retiraron los Estados Unidos de Norteamérica, Gran Bretaña y Singapur, llevándose entre los dos primeros alrededor del 25 por ciento del presupuesto de la organización. Esa situación fue revertida cuando fue reemplazado el director general de la UNESCO, Amadou Mahtar M’Bow, y las propuestas del NOMIC fueron al archivo. Así la organización volvió a sus orígenes postulando el “free flow of information” y abandonó, hasta ahora, el objetivo del “free and balanced flow of information”.
¿Se cumplieron los principales postulados del informe Mac Bride en su búsqueda por un nuevo orden mundial de la comunicación? ¿Por qué?
Probablemente el impacto mayor del informe Mac Bride estuvo reflejado en la documentación de las denuncias que América Latina había venido efectuando desde mediados de la década de 1960 en torno a la “dependencia comunicacional” y el “imperialismo cultural” y en la puesta en la agenda internacional de dos grandes temas: la democratización de la comunicación y el derecho a la información.
La campaña internacional desplegada en contra del NOMIC por las potencias capitalistas y por los grandes medios comerciales, con actuación destacada de las transnacionales de la información, terminó por desestimar la consideración de los llamados al Nuevo Orden -que fueron acusados de “comunistas”- y modificó la correlación de fuerzas en el interior de la UNESCO y de sus órganos directivos. Hoy si uno busca el término “NOMIC” en la web casi no encuentra ninguna referencia al Nuevo Orden propuesto por el Tercer Mundo y más bien se topa con miles de menciones a un juego de mesa. Y algo más preocupante aún es que si se compara la edición original del Informe Mac Bride con algunas posteriores es posible hallar varias modificaciones significativas. Un dato más: búsquese el propio Informe en los archivos electrónicos de la UNESCO y a ver si se lo obtiene.
¿Cuáles fueron las repercusiones y aportaciones del informe Mac Bride en las directrices de la comunicación en la sociedad de fines del Siglo XX, en su empeño de crear un nuevo orden mundial de la comunicación?
Como ya fue dicho, las directrices apuntaban a una distribución equilibrada de los recursos comunicacionales entre los pueblos del mundo y al establecimiento del derecho a la comunicación. No obstante, en los hechos, y salvo algunas experiencias frustradas de incorporación de este derecho en algunas constituciones latinoamericanas en la década de 1980 (casos de Venezuela o México), no se registraron aportaciones concretas en materia de cambios. En el interior de la UNESCO, la única resultante fue la creación del Programa Internacional para el Desarrollo de las Comunicaciones, inicialmente pensado como una canasta común de fondos provista por algunas potencias capitalistas para apoyar el desarrollo de infraestructuras comunicacionales de reducido alcance en países de las regiones pobres del planeta.
¿Hasta que punto la verticalidad de la comunicación, que combate el informe Mac Bride, se mantiene y por qué es tan difícil hacerlo horizontal?
En términos generales, la unilateralidad se mantiene, aunque con una diferencia: hoy las agencias transnacionales de noticias han perdido protagonismo en el control informativo en beneficio de las grandes cadenas globales de televisión, que además ampliaron el control y la capacidad de llegada no solo de las noticias sino igualmente de los diversos contenidos de entretenimiento y de la publicidad.
¿Por qué es difícil enfrentar esta situación? Porque se trata de una estructura de negocios fuertemente vinculada a intereses político-económicos de cobertura global que son defendidos no solo en los espacios multilaterales actuales, sino dentro de gran parte de los países del mundo cuyas estructuras institucionales responden al modelo capitalista modernizador. De todos modos, la emergencia de experiencias alternativas en materia de redes radiofónicas, de televisión y de publicaciones en la Internet es indicativa de que las condiciones, tanto para la dominación como para la emancipación, son distintas de las reinantes hace 30 años.
¿Cómo procesar el gran volumen de información que la verticalidad produce, para que sea mejor asimilada en función de las exigencias y necesidades sociales?
Debe buscarse el potenciamiento de la producción y la distribución propias, así como el del intercambio entre los países que continúan como mercado de destino de los contenidos generados por los centros de la unidireccionalidad. Pero, asimismo, hace falta trabajar -en el interior de los países- en pro del afianzamiento del derecho ciudadano a la información y la comunicación.
¿Cómo lograr una información, ya no horizontal, sino pluridireccional?
Es indispensable pluralizar las fuentes y los enfoques de la información, así como cualificar permanentemente la labor de los profesionales encargados del recojo, procesamiento y difusión de esa información. Debiera considerarse que ésta es una función especializada y no meramente técnica, como también debiera pensarse que ciertas deformaciones del “periodismo ciudadano” buscan eliminar a los especialistas, sustituyéndolos por cualquier persona de buena voluntad capaz de alimentar con algunos contenidos a la web. Sí es necesario, claro, entender que el informador ya no puede seguir actuando solo y “dirigiéndose a un público”, pues este público –en realidad, este público diverso- también puede intervenir en la producción de las informaciones, pero interactuando con el especialista.
¿Qué motiva o genera la concentración de la información y como desconcentrarla?
Lo que la genera es el interés económico y político, el poder. La solución es apuntalar sistemas democráticos pluralistas adaptados a las particularidades de cada realidad, así como desarrollar experiencias que abran espacios de pluralismo en el ámbito global.
En esta concentración, ¿cuánta responsabilidad tienen los medios de comunicación, los sectores económicos, políticos y sociales, el Estado, las transnacionales? ¿Cuáles son sus propósitos?
Todos los interesados en controlar algún espacio o cuota de poder serán responsables. Los medios de comunicación masiva no solo representan un buen negocio, también pueden erguirse como un poder fáctico por su capacidad de “hacer ver” el mundo de una determinada manera, potencialidad que es negociable no solo en el campo económico sino además en el político.
¿Cómo aporta la globalización a la socialización de la información a nivel regional y/o mundial?
La globalización es básicamente un proceso económico-tecnológico, que consiste en la expansión de los mercados y en la mayor cobertura externa de las fuentes de riqueza. Este proceso no es nuevo sino que habría comenzado con la incorporación de América a la geografía mundial, obviamente con características distintas a las que tal extensión del control posee contemporáneamente.
En consecuencia, ese ensanchamiento trae aparejado otro en materia de información, al menos de aquella que contribuye a la reproducción de la lógica de la dominación, pues es evidente que hay otra información, cualificada y aun clasificada, que es accesible solo para algunas élites. La Internet, en ese sentido, es una oportunidad desarrollable, mas no la panacea universal.
¿Qué tanta responsabilidad tienen los medios de comunicación, especialmente la televisión, en la contaminación de prácticas culturales ancestrales en los modelos económicos locales y en las alteraciones de un orden social vigente por muchos años? ¿Esto buscaba el informe Mac Bride? ¿Se distorsionó el mensaje del informe Mac Bride?
El Informe Mac Bride postulaba centralmente el respeto, la defensa y la promoción de la diversidad y este conjunto permanece como asignatura pendiente de la humanidad, aunque sí debe reconocerse que se han dado varios pasos importantes –aunque insuficientes todavía- para hacerla una realidad.
La televisión es, sin duda, uno de los espacios privilegiados hoy para la puesta en circulación de modelos culturales que no necesariamente corresponden a los valores y prácticas de las sociedades a que llegan sus mensajes. Sin embargo, se debe evitar caer en la creencia en que aún existen pueblos o culturas que se han mantenido intactos frente a los influjos de la modernidad, pero al mismo tiempo se debe evitar creer que ahora todo es híbrido o incluso que la hibridación es la respuesta final.
Las culturas se realimentan entre sí y se modifican en el tiempo, eso es inevitable. Lo que hay que combatir es la tentación etnocéntrica, pues ella sí es la negación plena del mensaje del Informe Mac Bride.
Las cosmovisiones extranjeras ¿son perjudiciales? ¿Atentan contra las culturas y los valores locales?
No necesariamente. Ninguna cultura puede sobrevivir encerrada en sí misma. Las influencias tienen que ser procesadas en función de su utilidad para el bien común. A veces la cuestión está en cómo se interpreta un valor externo o en cómo se usa una práctica o un bien procedentes de otro lugar. Por eso, es diferente la mera “adopción” de la “adaptación”. Hay que evitar la xenofobia, hay que mirar complejamente las realidades multiculturales, pero con la intención de avanzar hacia una interculturalidad efectiva, que implique la administración plural del poder.
¿La creación de nuevos valores o referentes culturales en sociedades que se ven inundadas de información externa es parte del resultado de la globalización?
Sí, en el sentido de la expansión económico-tecnológica antes aludida, pero también está relacionada con procesos de “negociación” entre “lo propio” y “lo ajeno”. No hay, en la práctica, imposiciones puras y simples.
¿Cómo impacta la vinculación o la interdependencia internacional que existe entre los medios de comunicación en el control de las ideas, opiniones y en general sobre la información? ¿Se quiere homogenizar el pensamiento?
Es evidente que los “grandes medios” entraron en sintonía en materia de un discurso que no cuestiona lo establecido y más bien lo amplifica y refuerza, ello como producto de una lógica organizativa de la vida social que deviene de las prefiguraciones de la modernidad.
Sin embargo, de ahí a que haya una especie de “comando central” que busque controlar todo el pensamiento hay gran distancia. Esto no significa, en el otro extremo, que haya que dejar todo como está porque “el imperio” se ha planetarizado y lo único que queda para hacerle frente es “la multitud”.
El pensamiento crítico siempre surgirá allí donde haya rebeldía ante el presente, el pasado y por otro futuro.
En medio de este panorama y para apoyar la consecución de los objetivos del informe Mac Bride, ¿sobre qué bases habría que delinear las políticas de comunicación?
Las bases están señaladas en el propio Informe cuando se refiere al derecho a la información y la comunicación y a la democratización de las comunicaciones.
¿Cuales serían las características de una sociedad democrática en materia de comunicación?
Este es un tema por demás complejo, pero la clave está en el pluralismo y en casos como el de los países latinoamericanos en la interculturalidad entendida como participación equitativa en los espacios de poder.
¿Cómo viabilizar la aplicación de los derechos a la comunicación, a informar, a ser informado y a participar en la comunicación pública, en sociedades donde aún se viven procesos de consolidación democrática?
Se trata, precisamente, de afianzar esos procesos democratizadores, redefiniendo las normas que haga falta, abriéndose a la participación ciudadana, desarrollando capacidades para la comunicación pública –no gubernamental- y alentando el ejercicio de los derechos y deberes en autoridades y ciudadanía.
Para el siglo XXI, ¿se debe reformular el Informe Mac Bride o será necesario diseñar uno nuevo?
Hay principios que no pueden ser reformulados sino más bien aplicados a las nuevas condiciones o complementados. Lo que sí sería pertinente es una nueva mirada al “estado de la cuestión”, a fin de diagnosticarlo y documentarlo con rigor, pues el proceso globalizador y los desarrollos tecnológicos han traído muchas novedades también en lo que concierne a patrones de contenidos, coberturas y usos.
Erick Torrico
Erick Rolando Torrico Villanueva, boliviano, es licenciado en Ciencias de la Comunicación (Universidad Católica Boliviana), maestro en Ciencias Sociales con mención en Análisis Político (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales), máster en Sociedad de la Información y el Conocimiento (Universitat Oberta de Catalunya) y candidato doctoral en Ciencias de la Información (Universidad Rey Juan Carlos). Asimismo, es posgraduado en Comunicación para el Desarrollo Regional (Universidade Metodista de São Paulo), diplomado en Educación Superior (Universidad Mayor de San Andrés) y diplomado en Gobernabilidad y Desarrollo Humano (Instituto Internacional de Gobernabilidad).
Publicó, entre otros, los libros Periodismo, apuntes teórico-técnicos (1989 y 1993), Comunicación, política y emisión ideológica (1992), La tesis en Comunicación – Elementos para elaborarla (1993 y 1997), La Comunicación desde la democracia (1995), Conceptos y hechos de la “Sociedad Informacional” (2003) y Abordajes y períodos de la teoría de la Comunicación (2004).
Dentro de pocas semanas, el CIESPAL pondrá en circulación, de este mismo autor, el libro Comunicación, de las matrices a los enfoques, como parte de su colección Intiyán.
Ex presidente de la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación; dirige el Área de Posgrado en Comunicación y Periodismo de la Universidad Andina Simón Bolívar y el Observatorio Nacional de Medios en La Paz.
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