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Por José Villamarín Carrascal
Docente de la Facso-Quito
Los accidentes fatales sobre todo en la transportación interprovincial siguen peligrosamente en ascenso. Nadie puede permanecer imparcial frente a estos acontecimientos. Pero de ahí a informar faltando a los derechos de las personas es otro problema.
Choferes de buses no frenan sus crímenes tituló diario La Hora (28/IV/12) una noticia donde dio cuenta de un fatal accidente acaecido en abril pasado, en la vía a Papallacta, de un bus de la Cooperativa de Transportes Amazonas.
A más de la generalización infundada, de frente y sin ambages, el diario califica de criminales a los choferes (se supone a los que causan los accidentes). ¿El diario está en capacidad de sostener esta afirmación?
El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define al crimen como “acción voluntaria de matar o herir gravemente a alguien”. A la persona que lleva a cabo este tipo de acción se lo conoce como criminal. Según este titular, entonces, los choferes (que causan los accidentes fatales) salen a conducir los buses con intención de causar daño, matar o herir gravemente a los pasajeros.
¿Es así? Francamente no lo creo. Lo sucedido es un accidente de tránsito, un hecho imprevisto producido en una vía o carretera, que ocasiona daños materiales, lesiones a las personas y hasta la muerte de las mismas.
Los accidentes de tránsito tienen el carácter de delitos culposos, por la falta de voluntad y consciencia en la comisión de los mismos y que son ocasionados por negligencia, impericia, imprudencia, exceso de velocidad, inobservancia de las normas de tránsito u otras causas.
Que se debe aplicar toda la severidad de la ley en estos casos, absolutamente de acuerdo. Pero de allí a tratar a los choferes como criminales hay mucha diferencia, máxime si no ha sido aún declarada su culpabilidad mediante sentencia ejecutoriada.
La información basada en derechos es un imperativo en los momentos actuales, cuando lamentablemente abundan este tipo de casos, en los cuales también hay una tendencia a estigmatizar y ejercer una sospecha sobre todos los choferes de buses, lo cual es un atentado a sus derechos (básicamente a la honra y a la buena reputación).
Así como debemos exigir alta responsabilidad a los “profesionales del volante” para evitar estos malhadados accidentes, también hay que pedir responsabilidad a los profesionales de la comunicación a la hora de informar, pues los derechos humanos son para todos.
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